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Febrero del 2018


La comunicación y el amor de pareja

Si no sabes comunicarte, tu matrimonio puede convertirse en un desierto


Por: Sheila Morataya-Fleishman | Fuente: Aportación de Francisco Casadevall



Si no sabes comunicarte, tu matrimonio puede convertirse en un desierto. ¿Cómo aprender a expresar tus sentimientos, emociones y necesidades? Sheila Morataya te explica cómo.

La mujer de nuestra época quiere ser amada, acariciada, mimada, complacida y desde muy joven comienza a imaginar que todo esto tendrá lugar en algún punto de su existencia en pareja. Vive mucho más enfocada pensando en todo aquello que tiene derecho a recibir y muy poco orientada hacia todo lo que puede ser capaz de dar.

Muchas visualizamos y esperamos ansiosamente el momento en que “por fin voy a recibir”. Cuando finalmente te casas, vas con la maleta llena de ilusiones, pasiones, planes, proyectos. En lo que no piensas es que algún día tu marido disminuirá los “te quiero”, pausará las caricias y olvidará uno que otro aniversario.

Esos detalles que antes eran tan frecuentes seguramente disminuirán y tal vez desaparezcan algún día. ¿Qué vas hacer cuando esto suceda?

Muchas optamos por comenzar a reclamar aquello que ya no tienes, otras lloramos en silencio, hay quienes peleamos hasta cinco veces al día. Lo último que haces es comunicarte, dialogar, expresar lo que no te gusta o lo que sabes que está mal. Esa capacidad de abrirse y expresar sin rencores e incendios emocionales constituye una nota distintiva de la madurez personal. Comunicarse para que la relación crezca fuerte y sana es indispensable.



No es nada extraño

Es un hecho sociológicamente comprobado que la queja más frecuente de las esposas es precisamente la falta de comunicación con los maridos, la incomunicación con ellos. Muchas veces te sientes atrapada: si ya hay niños hay que levantarse muy temprano, atenderlos, preparar todo lo que llevan al colegio. Si trabajas tienes que poner atención a tu vestido y peinado… se pasan las horas, llega la noche y luego de esa larga jornada ya estás demasiado cansada como para querer dialogar sobre aquello que sabes que está mal. Y te encuentras diciendo, “tal vez mañana”. O lo que es peor, ¿para qué decir nada si de todas formas no llegamos a ninguna parte?

La comunicación es igual a compartir y coexistir

“Sólo cuando mediante un acto nuevo de su voluntad, con plena reflexión y libertad deciden que exista aquella unión tan profunda y total a la que les invita su amor, esa unión queda establecida.” -Pedro-Juan Viladrich.

“Porque te amo haré todo lo que está de mi parte para comunicarme contigo. Incluso lo haré como acto de mi voluntad que quiere unirse a la tuya aunque muchas veces tenga que ceder por el bien de nuestro amor.” Qué difícil, ¿verdad? Es un reto especialmente para ti como mujer pues nos vemos sumergidas en medio de mensajes que no siempre son de ayuda para nuestra relación de pareja. Estos son algunos de los pensamientos que se proponen a las mujeres modernas y cuya base no está enraizada en la vivencia de los valores cristianos. A veces la mujer moderna se centra en sí misma.


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Los siguientes pensamientos son muy comunes hoy en día:

– tienes derecho a vivir tu vida: – tienes derecho a que te traten como a una reina; – no dejes que haga contigo lo que quiera – en el matrimonio los dos son iguales – si te da mucha lata déjalo, es mejor estar sola que mal acompañada. – la época en que la mujer era esclava ya pasó.

Es claro que cada uno de los ejemplos anteriores no ayuda a despertar las diferentes formas del amor de ninguna manera. Una forma de pensar así no invita a entablar diálogo para hacer más fecunda y sólida la relación. Entonces, ¿cómo deberá estar orientada tu inteligencia para poder, a pesar de esto, decidirte libremente darte porque se quiere construir un amor limpio y generoso enraizado en la voluntad de hacer biografía juntos?


¿Conoces esta fábula?

En un vasto paisaje helado, azotado por la ventisca, se desliza un trineo. (Trata de poner toda tu atención en la escena). Su único ocupante viaja hacia el Polo Norte. De su rostro, cubierto de agujas de hielo, destacan los ojos febriles clavados con ansia en el horizonte.

Corre el trineo con la prisa de quien llega tarde. No se distrae el viajero en su valioso equipaje, que es todo lo que posee. No permite que el tiro de perros se desvíe un ápice del septentrión, no concede respiro a su esfuerzo, ni disminuye su velocidad. Todo en él es una tensa voluntad de alcanzar pronto la meta. En llegar al Polo Norte ha puesto lo mejor de sus energías, la más entrañable de sus esperanzas, el sentido final de su destino. Solamente de trecho en trecho, nuestro viajero se detiene un instante para comprobar si la dirección es correcta y cuánta es la distancia que todavía le separa del Norte. Y aquí la sorpresa. Los instrumentos le demuestran, sin lugar a dudas, que la dirección resulta exacta, pero la distancia del Norte es cada vez mayor. En vano verifica una y otra vez sus instrumentos: no están estropeados, no hay error en la medición, la dirección es buena, más la distancia no cesa de aumentar. Y nuestro viajero, entre el desaliento y la esperanza, fuerza siempre la velocidad, castiga sin piedad a sus perros y los lanza vertiginosamente entre la ventisca con la desesperación de quien huye. Todo es inútil, no obstante, en cada sucesiva medición, pese a la fidelidad de la dirección, el Polo Norte se aleja más y más…

¿Qué le ocurre al protagonista de tan dramático viaje? Quiero hacer notar que aquel vasto paisaje helado por cuyo interior viaja este diminuto trineo, no es más que un inmenso témpano de hielo, un colosal iceberg, que se desplaza hacia el sur a mucha mayor velocidad de la que nuestro pobre viajero corre hacia el norte. La meta del viaje y los ideales de su equipaje eran nobles. Su esfuerzo, admirable. Pero la base sobre la que se sustentaba toda la aventura era tan radicalmente errada que le conducía con fatalidad al polo opuesto.

También querida lectora dentro de la comunicación en el matrimonio puede sucederte algo parecido si no tienes total claridad en lo que estás dispuesta a dar y dejar de recibir para que tu matrimonio funcione. No es que seamos iguales o merezcamos lo mismo. Se trata de saberse comunicar. Simplemente hay que hacer a un lado un poquito los sentimientos, de vez en cuando, y “saber ser” inteligentes para comunicarnos, y asegurarnos de que lo que quieres decir es lo que tu marido entiende. Sin una buena comunicación, el matrimonio se convertirá en un terrible desierto. Si aprendes a comunicarte, tu matrimonio será un hermoso jardín.

 

Publicado por ALFRE306 el 13 de Febrero, 2018, 18:10 | Referencias (0)

Las redes sociales, una gran molestia

Las redes no son el tema, el tema es educar


Por: Antonio Maza Pereda | Fuente: yoinfluyo.com



Las redes sociales son irritantes, lapidarias, dicen algunos políticos. Son la legión de los idiotas, dicen algunos analistas, plagiando el dicho de Humberto Eco. ¿Tienen razón?

Redes Sociales

El enojo contra las redes sociales es real. El deseo de limitarlas y controlarlas, también lo es. No en balde en China han cuestionado y puesto límites a los grandes sistemas de exploradores como Google y a los sistemas como Facebook, Twitter y similares. Por otros medios, el acceso limitado a estas redes ocurre en Cuba y se busca en Venezuela. Y muchos otros gobiernos, incluso los que se dicen los arquetipos de la democracia, espían masivamente a los que publican y lo que se publica en las redes.

Al final, hay un tema de incomprensión de lo que significan las redes sociales. Muchos añoran las épocas de cuasi monopolio de la comunicación social. La época donde los boletines de prensa verdaderamente influían. Cuando un grupo limitado de medios difundían masivamente la información a un público sin derecho de réplica. Cuando la opinión publicada se presentaba como si fuera opinión pública. Cuando la irritación de la ciudadanía se expresaba en círculos muy cerrados con poca influencia real. Cuando se aplicaba a la letra el dicho de Porfirio Díaz al saber que lo atacaban algunos periodistas: “Esos pollos quieren su maíz”, decía, y dio origen a las instituciones del “chayote” y del “embute”. Un mundo sencillo, fácil de dominar y con medios útiles para adoctrinar e influir masivamente.

Entran los sistemas de comunicación masiva y personalizada. Ese mundo cambia. Ya no es cosa de influir o controlar a unas centenas de medios y algunos miles de periodistas y editorialistas. Ahora, con 100 millones de celulares en México, todos con acceso a distintas redes sociales, hay el mismo número potencial de originadores y transmisores de información. Algunos de ellos con mensajes que se vuelven virales y llegan a millones en minutos. Un alcance que ningún periódico puede tener. Y, por supuesto, millones de mensajes imposibles de controlar. De ahí la irritación y la crítica.



Pero el tema no son las redes, Somos los usuarios. Sí, muchos solo pueden reaccionar con insultos cuando no tienen argumentos. Sí, la mayoría tienen faltas de ortografía y de redacción. Sí, muchísimos no saben expresarse coherentemente. Pero esto no es causado por las redes. Es uno de los frutos venenosos de un sistema educativo fallido y que muchos desean que siga del mismo modo, para poder dominar mejor a una población ignorante, inculta y, por ende, muy manejable.

El arte de convencer, en este tiempo de las redes sociales, parece ser un arte perdido. Cuando no nos parece bien una opinión, sabemos decir lo que no nos gusta, sabemos insultar al que opina diferente, pero no tenemos los argumentos para convencer a quien consideramos equivocado. Usamos falacias muy obvias para convencernos a nosotros mismos y tratar de convencer a otros, Y ni cuenta nos damos. Nos desahogamos, pero no convencemos.

Los que dicen públicamente que las redes son irritantes y lapidarias, a lo mejor creen que con eso convencerán a los usuarios de las redes de no darle credibilidad a lo que ahí se dice y que vean como en el extranjero si se reconocen logros y esfuerzos. Los que hablan de la legión de los idiotas, desde su torre de marfil elitista, piensan que, con decir idiotas a 100 millones de usuarios de las redes, estos se avergonzarán de su idiotez y se volverán mas moderados. Además de volverse muy selectivos y sólo creer a la elite de los que, en su modesta opinión, no son idiotas.

Vano esfuerzo. Las redes no son el tema, el tema es educar, formar, influir sobre esos millones de mexicanos. El tema es convencer. Volver a la lógica. Al sentido común. A un aprecio sin límites ni restricciones a la Verdad. ¿Posible? Sí. ¿Rápido? No. ¿El mayor obstáculo? Tratar de manipular.

 


Publicado por ALFRE306 el 12 de Febrero, 2018, 17:18 | Referencias (0)

La deconstruccion del matrimonio y la Familia

La familia tiene como misión custodiar y comunicar el amor.


Por: Victoria Mijares | Fuente: Catholic.net



Puede parecer paradójico que, al hablar de matrimonio, tengamos que especificar que éste, sea la unión de un hombre y una mujer. Sin embargo, por las ideologías y practicas difundidas en la sociedad actual, esta puntualización es más necesaria que nunca, pues hoy, a cualquier tipo de unión se le pretende llamar llamar matrimonio.

Sin duda el matrimonio y la familia natural se encuentran ante un “nuevo” paradigma; las ideologías surgidas en los siglos XVII, XVIII y XIX dieron inicio a la “revolución sexual”. Voltaire, Montesquieu, y Rousseau precursores del iluminismo en Europa, a las “luces” de la razón, no de la fe y de la revelación; comenzaron a gestar una idolología anticristiana.  Karl Marx y de Frederick Engels,  padres del marxismo deseaban el surgimiento de una “sociedad igualitaria”, en la que desapareciese la “lucha de clases” y la “lucha de sexos”.  En el libro “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” F. Engels refiere: “El primer antagonismo de clases coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por la otra, con la del sexo femenino por el masculino.” Después de la IV Conferencia Mundial de la ONU (1895), en Beijing sobre la Mujer, el movimiento que defiende la “Ideología de género” y la” liberación femenina”, han ido logrando imponer como “derechos” la ideología de género, la anticoncepción y el aborto, mismas que son contrarias al matrimonio natural y a la familia.

En su inicio el querer buscar tener mejores condiciones de vida, equidad, dignidad, y emancipación de la mujer; fue sensato y justo, tuvo la desgracia de ser "adoptado" por un grupo de "intelectuales", hombres y mujeres, que hicieron de él. Buscando el bienestar el desarrollo y la evolución, involucionó. En la búsqueda de sentido, el hombre se ha perdido, ha perdido el fin por los medios. En la búsqueda de derechos a perdido su esencia y su dignidad de persona humana. Cuando la persona humana pierde su sentido trascendente pierde la conciencia, pierde la brújula que le orienta hacia dónde ir.

La igualdad ante la ley debe estar presidida por el principio de la justicia, lo que significa tratar lo igual como igual, y lo diferente como diferente; es decir, dar a cada uno lo que le es debido en justicia: principio de justicia que se quebraría si se diera a las uniones de hecho un tratamiento jurídico semejante o equivalente al que corresponde a la familia de fundación matrimonial. Si la familia matrimonial y las uniones de hecho no son semejantes ni equivalentes en sus deberes, funciones y servicios a la sociedad, no pueden ser semejantes ni equivalentes en el estatuto jurídico.

El ser humano fue creado para ser feliz, para que, con su inteligencia, descubra el sentido de la vida, quien es y adonde va; con su inteligencia, conciencia y voluntad, sepa elegir, y elegir bien.


Los católicos sabemos que el matrimonio no es un “paradigma”; Sacramento, que la familia es una comunidad de vida, es una Institución que antecede al Estado, que la fe no nos aleja de la razón, que la verdad es evidente, creemos y defendemos la doctrina católica. Juan Pablo II de septiembre de 1979 a noviembre de 1984, en las 129 catequesis llamadas “TEOLOGIA del CUERPO”; nos muestra en una visión renovada la sexualidad humana y el matrimonio, una visión renovada del hombre y de la mujer como imagen de Dios, una visión renovada de la doctrina católica completa. En este sentido es urgente redescubrir y difundir el Evangelio de Dios sobre el amor conyugal, la sexualidad humana y la vida que surge del matrimonio, es decir, de la familia, transmitir a las nuevas generaciones un respeto profundo hacia todo lo que se refiere a la sexualidad, el pudor y la castidad, el valor de la fidelidad conyugal, el respeto a la apertura a la vida, la responsabilidad de los esposos en todo lo que se refiere al mantenimiento y a la educación de los hijos.
 



Tengo la convicción de que la familia es el núcleo de la sociedad, donde se gestan los individuos, donde la persona humana adquiere los valores fundamentales.

La familia tiene como misión custodiar y comunicar el amor. El amor de los esposos para formar la personalidad sana y equilibrada de los hijos. Defendiendo la familia defiendes la humanidad.



Publicado por ALFRE306 el 11 de Febrero, 2018, 17:22 | Referencias (0)

La Cultura del Carnaval

La cultura del carnaval: ¿cristianismo o paganismo?


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice



Siempre las fiestas y expresiones del carnaval estuvieron ligadas a las demostraciones culturales, populares y autóctonas de un pueblo o etnia, a su idiosincrasia, con mezcla de imagen, color, sonido y movimiento, perfumes y sabores.

La alegría lo impregna, junto al buen humor y a la fraternidad reinante.

La virtud que regula las diversiones se llama la “eutrapelia”, palabra derivada del griego, que quiere decir el justo medio en el divertirse, el saber gozar sanamente, la mente y el corazón limpios para el sano esparcimiento y diversión necesitados.

Es saber gozar y divertirse.

Fiesta de creatividad en máscaras, disfraces, vestimenta, baile, música y artistas de diversa índole, en la cual se da lugar a lo artesanal en la confección de los vestidos, indumentarias, bastones, adornos, redoblantes, instrumentos de cuerda, viento o percusión.

Plasmado muchas veces en cuadros y pinturas, fuente de inspiración de artistas y escritores.

Está lejos del desorden y de las palabras y gestos groseros y soeces, o movimientos y apariciones eróticas que rozan lo pornográfico.

Fiesta familiar donde van los abuelos, papás, hijos/as y nietos. Donde la chaya, el papel picado, la nieve, hacen las delicias de grandes y chicos, mientras algo se degusta y se ve el espectáculo.

No faltan lugares en que hay ponencias y videos, exposición de artes plásticas, conferencias y grupos folclóricos y artísticos.

Pero ha ido deviniendo en descontrol y permisividad. Abuso de la no vestimenta, lo lúdico se cambió por desnudez y chabacanería, y lo cultural por expresiones que dejan mal parada la dignidad de las personas, principalmente de nuestras niñas, adolescentes y jóvenes, atentando también contra el respeto hacia los espectadores, que ya deben cuidarse sabiendo de antemano a qué clase de “diversión” o “espectáculo” van.

El pudor y la modestia naturales parecen haber desaparecido en ciertos intervinientes, incluso a veces en algunos espectadores exacerbados, que pueden ser los padres, abuelos, hermanos de aquellas y aquellos que parecieran no tener otro traje que el del Adán primitivo.

No tendría que ser el “reino del desorden”. Pareciera que retoma la etimología de los bacanales romanos, orgías de vino, embriaguez y desenfreno, en que la “carne” (carne-vale) lo vale todo, pero la carne en contraposición a la razón y el espíritu, los tres componentes armónicos de cada ser humano.

La cuaresma como tiempo litúrgico católico, que generalmente viene después de los carnavales, es un tiempo de preparación para la fiesta más grande del cristianismo, la pascua o resurrección corporal de Jesús, de la cual todos participaremos con nuestros propios cuerpos resucitados.

Por ello la cuaresma no trata de remediar los excesos de la carne “carnavalesca”, sino para cuidar más y mejor la totalidad del ser humano, cuerpo (carne), psiquis (razón) y espíritu, y para querer participar con un cuerpo sano, limpio y puro, de la fiesta de la resurrección, sabiendo que estos mismos cuerpos resucitarán, por lo que son nuestros compañeros de camino y debemos presentarlos saludables, alineados, limpios, “elegantes”, ya que tienen tan digno fin.

Desde la misma razón natural esto se nos dicta, y cuando algo trágico sucede comenzamos a hablar de los efectos trágicos de la droga, del alcohol, del desenfreno de los “jóvenes” (y no tan jóvenes).

Muchas veces se da lo ridículo de una sociedad que se dice cristiana y en pleno tiempo de cuaresma continúa con carnavales que poco tienen que ver con el espíritu cristiano.

Recobremos los valores artísticos y culturales de los pueblos, etnias y grupos, y pongámolos de manifiesto en estas fiestas populares para el beneficio, educación y edificación de todos, principalmente quienes son los encargados de la organización, que tienen que ser verdaderos educadores, los que tienen que dar el perfil de lo que se pretende brindar, y tamizar, controlar, regular, observar previamente, las expresiones que se pretenden volcar en la comunidad.


Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Filosofía
Pedagogo.

Publicado por ALFRE306 el 10 de Febrero, 2018, 17:08 | Referencias (0)

9 consejos del Papa para un matrimonio feliz

Tres parejas le formularon algunas preguntas al Santo Padre. aquí los nueve consejos que el Papa Francisco dio a los novios.


Por: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: YoInfluyo.com



El 14 de febrero de 2014 el Vaticano se convirtió en la capital de los novios: miles de parejas de diferentes países abarrotaron la plaza de san Pedro para un encuentro con el Papa Francisco quien de ese modo quiso saludar y acompañar a todos aquellos que se preparan para el matrimonio. Tres parejas le formularon algunas preguntas al Santo Padre. He tematizado las respuestas y les ofrezco los nueve consejos que el Papa Francisco dio a los novios. Consejos ágiles, realistas y positivos que valen también para quienes ya están casados (la numeración y el titular antes de cada consejo es nuestro):

1. La casa se construye juntos

“el amor es una relación , entonces es una realidad que crece, y podemos incluso decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se construye juntos, no solos. Construir significa aquí favorecer y ayudar el crecimiento. Queridos novios, vosotros os estáis preparando para crecer juntos, construir esta casa, vivir juntos para siempre.

No queréis fundarla en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor auténtico, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa, que sea espacio de afecto, de ayuda, de esperanza, de apoyo. Como el amor de Dios es estable y para siempre, así también el amor que construye la familia queremos que sea estable y para siempre. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la ‘cultura de lo provisional’. Esta cultura que hoy nos invade a todos, esta cultura de lo provisional. ¡Esto no funciona!”.

2. Cómo perder el miedo al “para siempre”: una cuestión de calidad

“¿cómo se cura este miedo del ‘para siempre’? Se cura día a día, encomendándose al Señor Jesús en una vida que se convierte en un camino espiritual cotidiano, construido por pasos, pasos pequeños, pasos de crecimiento común, construido con el compromiso de llegar a ser mujeres y hombres maduros en la fe. Porque, queridos novios, el «para siempre» no es sólo una cuestión de duración. Un matrimonio no se realiza sólo si dura, sino que es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Me viene a la mente el milagro de la multiplicación de los panes: también para vosotros el Señor puede multiplicar vuestro amor y donarlo a vosotros fresco y bueno cada día. ¡Tiene una reserva infinita de ese amor! Él os dona el amor que está en la base de vuestra unión y cada día lo renueva, lo refuerza. Y lo hace aún más grande cuando la familia crece con los hijos”.

3. La oración que deben rezar los novios y de los esposos

“En este camino es importante y necesaria la oración, siempre. Él para ella, ella para él y los dos juntos. Pedid a Jesús que multiplique vuestro amor. En la oración del Padrenuestro decimos: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’. Los esposos pueden aprender a rezar también así: ‘Señor, danos hoy nuestro amor de cada día’, porque el amor cotidiano de los esposos es el pan, el verdadero pan del alma, el que les sostiene para seguir adelante. Y la oración: ¿podemos ensayar para saber si sabemos recitarla? ‘Señor, danos hoy nuestro amor de cada día’. Ésta es la oración de los novios y de los esposos. ¡Enséñanos a amarnos, a querernos! Cuanto más os encomendéis a Él, tanto más vuestro amor será «para siempre», capaz de renovarse, y vencerá toda dificultad”.

4. Aprender a pedir permiso

“¿Puedo, permiso?”. Es la petición gentil de poder entrar en la vida de otro con respeto y atención. Es necesario aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? ¿Te gusta si hacemos así, si tomamos esta iniciativa, si educamos así a los hijos? ¿Quieres que salgamos esta noche?... En definitiva, pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los demás. Pero escuchad bien esto: saber entrar con cortesía en la vida de los demás. Y no es fácil, no es fácil. A veces, en cambio, se usan maneras un poco pesadas, como ciertas botas de montaña. El amor auténtico no se impone con dureza y agresividad. En las Florecillas de san Francisco se encuentra esta expresión: ‘Has de saber, hermano carísimo, que la cortesía es una de las propiedades de Dios... la cortesía es hermana de la caridad, que extingue el odio y fomenta el amor’ (Cap. 37). Sí, la cortesía conserva el amor. Y hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hay necesidad de mucha más cortesía. Y esto puede comenzar en casa”.

5. Aprender a decir gracias

“Gracias”. Parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así. ¡Pero es importante! La enseñamos a los niños, pero después la olvidamos. La gratitud es un sentimiento importante: ¿recordáis el Evangelio de Lucas? Una anciana, una vez, me decía en Buenos Aires: ‘la gratitud es una flor que crece en tierra noble’. Es necesaria la nobleza del alma para que crezca esta flor. ¿Recordáis el Evangelio de Lucas? Jesús cura a diez enfermos de lepra y sólo uno regresa a decir gracias a Jesús. Y el Señor dice: y los otros nueve, ¿dónde están? Esto es válido también para nosotros: ¿sabemos agradecer? En vuestra relación, y mañana en la vida matrimonial, es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡gracias!, siempre se da gracias. Y con esta actitud interior decirse gracias mutuamente, por cada cosa. No es una palabra gentil que se usa con los desconocidos, para ser educados. Es necesario saber decirse gracias, para seguir adelante bien y juntos en la vida matrimonial.

6. Aprender a pedir perdón

“En la vida cometemos muchos errores, muchas equivocaciones. Los cometemos todos. Pero tal vez aquí hay alguien que jamás cometió un error. Levante la mano si hay alguien allí, una persona que jamás cometió un error. Todos cometemos errores. ¡Todos! Tal vez no hay un día en el que no cometemos algún error. La Biblia dice que el más justo peca siete veces al día. Y así cometemos errores... He aquí entonces la necesidad de usar esta sencilla palabra: «perdón». En general, cada uno de nosotros es propenso a acusar al otro y a justificarse a sí mismo. Esto comenzó con nuestro padre Adán, cuando Dios le preguntó: ‘Adán ¿tú has comido de aquel fruto? ‘. ‘¿Yo? ¡No! Es ella quien me lo dio». Acusar al otro para no decir ‘disculpa’, ‘perdón’. Es una historia antigua. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. ‘Perdona si hoy levanté la voz’; ‘perdona si pasé sin saludar’; ‘perdona si llegué tarde’, ‘si esta semana estuve muy silencioso’, ‘si hablé demasiado sin nunca escuchar’; ‘perdona si me olvidé’; ‘perdona, estaba enfadado y me la tomé contigo’. Podemos decir muchos ‘perdón’ al día. También así crece una familia cristiana. Todos sabemos que no existe la familia perfecta, y tampoco el marido perfecto, o la esposa perfecta. No hablemos de la suegra perfecta... Existimos nosotros, pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: no acabar jamás una jornada sin pedirse perdón, sin que la paz vuelva a nuestra casa, a nuestra familia. Es habitual reñir entre esposos, porque siempre hay algo, hemos reñido. Tal vez os habéis enfadado, tal vez voló un plato, pero por favor recordad esto: no terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás! Esto es un secreto, un secreto para conservar el amor y para hacer las paces. No es necesario hacer un bello discurso. A veces un gesto así y... se crea la paz. Jamás acabar... porque si tú terminas el día sin hacer las paces, lo que tienes dentro, al día siguiente está frío y duro y es más difícil hacer las paces. Recordad bien: ¡no terminar jamás el día sin hacer las paces! Si aprendemos a pedirnos perdón y a perdonarnos mutuamente, el matrimonio durará, irá adelante. Cuando vienen a las audiencias o a misa aquí a Santa Marta los esposos ancianos que celebran el 50° aniversario, les pregunto: «¿Quién soportó a quién?» ¡Es hermoso esto! Todos se miran, me miran, y me dicen: ‘¡Los dos!’ Y esto es hermoso. Esto es un hermoso testimonio”.

7. Ver el matrimonio como una fiesta

“el matrimonio es una fiesta, una fiesta cristiana, no una fiesta mundana. El motivo más profundo de la alegría de ese día nos lo indica el Evangelio de Juan: ¿recordáis el milagro de las bodas de Caná? A un cierto punto faltó el vino y la fiesta parecía arruinada. Imaginad que termina la fiesta bebiendo té. No, no funciona. Sin vino no hay fiesta. Por sugerencia de María, en ese momento Jesús se revela por primera vez y hace un signo: transforma el agua en vino y, haciendo así, salva la fiesta de bodas. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años, sucede en realidad en cada fiesta de bodas: lo que hará pleno y profundamente auténtico vuestro matrimonio será la presencia del Señor que se revela y dona su gracia. Es su presencia la que ofrece el «vino bueno», es Él el secreto de la alegría plena, la que calienta verdaderamente el corazón. Es la presencia de Jesús en esa fiesta. Que sea una hermosa fiesta, pero con Jesús. No con el espíritu del mundo, ¡no! Esto se percibe, cuando el Señor está allí”.

8. Las bodas deben ser sobrias

“que vuestro matrimonio sea sobrio y ponga de relieve lo que es verdaderamente importante. Algunos están más preocupados por los signos exteriores, por el banquete, las fotos, los vestidos y las flores... Son cosas importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de indicar el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición del Señor sobre vuestro amor. Haced lo posible para que, como el vino de Caná, los signos exteriores de vuestra fiesta revelen la presencia del Señor y os recuerden a vosotros y a todos los presentes el origen y el motivo de vuestra alegría”.

9. El matrimonio supone un trabajo de los dos

“El matrimonio es también un trabajo de todos los días, podría decir un trabajo artesanal, un trabajo de orfebrería, porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a su esposa y la esposa tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer también en humanidad, como hombre y como mujer. Y esto se hace entre vosotros. Esto se llama crecer juntos. Esto no viene del aire. El Señor lo bendice, pero viene de vuestras manos, de vuestras actitudes, del modo de vivir, del modo de amaros. ¡Hacernos crecer! Siempre hacer lo posible para que el otro crezca. Trabajar por ello. Y así, no lo sé, pienso en ti que un día irás por las calles de tu pueblo y la gente dirá: ‘Mira aquella hermosa mujer, ¡qué fuerte!...’. ‘Con el marido que tiene, se comprende’. Y también a ti: ‘Mira aquél, cómo es’. ‘Con la esposa que tiene, se comprende’. Es esto, llegar a esto: hacernos crecer juntos, el uno al otro. Y los hijos tendrán esta herencia de haber tenido un papá y una mamá que crecieron juntos, haciéndose —el uno al otro— más hombre y más mujer”.


Con las preguntas que les han hecho al Papa Francisco sobre matrimonio, te compartimos estos 9 consejos.

Lee a profundidad cada punto aquí http://bit.ly/2tk7RMa Con El Papa


Publicado por ALFRE306 el 9 de Febrero, 2018, 17:53 | Referencias (0)

La autoestima a la luz de Dios

Se necesita voluntad para zambullirse dentro de las aguas del yo profundo


Por: Sheila Morataya-Fleishman | Fuente: Catholic.net



La auto-estima es un campo fascinante y dentro de la superación personal todavía más, pero también es un tema profundo…

Todos hemos envidiado alguna vez ese tipo de persona que emana confianza absoluta en sí misma.

Lo percibimos a través de su forma de “estar”. Lo vemos en su forma de caminar, de saludar, de expresarse verbalmente y en lo bien que se está a su lado. Podemos decir de él o ella, que es una persona que goza de una sana auto-estima o de un sano concepto de sí mismo.
Uno de los factores psicológicos que más afecta nuestras relaciones humanas, es la auto-estima o amor ordenado por uno mismo. Una de las vertientes que más afecta la personalidad y la conquista de relaciones estables con uno mismo y el mundo es la auto-estima.
Lamentablemente de los miles de artículos y cientos de libros que existen en el Mercado sobre este tema, hay muchos que lo que han hecho es dar una orientación que confunde a las personas.
La auto-estima es un campo fascinante y dentro de la superación personal todavía más, pero también es un tema profundo y que requiere de mucha investigación y estudio para poder ser efectivos en la transmisión de la misma a los nuestros. Para nosotros los cristianos, la auto-estima o el amor que debemos sentir hacia nuestra propia forma de lucir y ser viene dada por el hecho de pertenecer a una categoría superior a la de los animales y las plantas.
Somos hijos de Dios. Seres humanos dotados de un alma que está destinada a ser eterna y en donde radican las potencias singulares que nos distinguen de los demás seres de la creación. Inteligencia y voluntad. Porque somos inteligentes, podemos pensar, reflexionar, decidir, actuar, y construir un auto-concepto que nos conduzca hacia el bien de nosotros mismos y por efecto, al bien de los demás.
La inteligencia es la chispa de Dios en nuestra alma y su propósito primero y último es conocerlo.(Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios).
Para esto se nos dio la voluntad. La voluntad me empuja a decidirme a emprender una tarea del conocimiento de mí mismo. Conocerme a mí mismo y saber quien soy y que hago aquí en esta tierra, es importante para poder conocer a los demás y exprimir lo mejor de ellos a través de nuestro trato.
Se necesita voluntad para zambullirse dentro de las aguas del yo profundo. Sin Dios como Capitán en ese bucear, se nos puede llevar por caminos equivocados de egoísmo permisivo hasta hacer que terminemos creyendo que somos dioses. No lo somos.
Somos hijos de Dios y es esta la razón más alta de nuestra dignidad
Se nos ha dado el regalo de ser hechos a su imagen y semejanza. Es por esto , que es importante antes de entrar en la pura psicología de la auto-estima que sepamos, que somos comos hombres a partir de Dios y las vías que nos llevan al conocimiento del mismo.
Vías para acercarse a Dios como punto de partida y la creación
El mundo: Del orden y de la belleza del mundo se pude conocer a Dios como origen y fin del universo.
Podemos ponerlo más claro con palabras de San Agustín: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión. Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza , no sujeta a cambio?
Contemplar la naturaleza, el cielo y sus diferentes movimientos de nubes; lograr asombrarse ante la caída de una catarata y la majestad de un águila en pleno vuelo, es contemplar y conocer la belleza de la Majestad y Potencia de Dios.
 
El ser humano
Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del deber, con su libertad y a la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de la eternidad que lleva en sí, al ser irreducible a la sola material”, su alma, no puede tener origen más que en Dios.
Es importante que si somos solteras, solteros, esposos, esposas, madres y padres, tengamos claro que la tarea educativa de sembrar auto-estima en nuestros hijos, tenga su raíz a partir de Dios. No podemos quedarnos a nivel de psicología pura, ya que el hombre no es sólo psiquis. La naturaleza del hombre es sobre todo “espiritual”, esto, es lo que nos hace ser, seres humanos. Una educación en la auto-estima que no considere esto, a la larga hará que el hombre o la mujer tambalee ya que su fuerza estará enraizada en el hombre mismo para su funcionamiento y confianza en sí mismo, y no en Aquel que por amor lo creo. Así pues, sirva esté amplio preámbulo para entrar al mundo fascinante de la auto-estima.

 

Publicado por ALFRE306 el 8 de Febrero, 2018, 18:32 | Referencias (0)

¡Cuida tu corazón!

El ser humano permanece siempre abierto al crecimiento interior, al perfeccionamiento como persona.


Por: P. Alejandro Ortega, L.C. | Fuente: www.la-oracion.com



"¡Cuida tus alas!", decía San Agustín a los jóvenes. En obvia alusión a sus deseos de volar alto, de volar lejos, de volar con prisa. Hoy Jesús parece decirnos: "¡Cuida tu corazón!". Porque el corazón, en sentido bíblico, constituye las alas del espíritu.

Ahí, en tu corazón, decides si levantas el vuelo o te quedas en tierra; si vuelas con rumbo o vas a la deriva del viento; si vuelas alto o bajo; si vuelas lejos o te quedas revolando sobre restos putrefactos. Por eso, más allá de la polémica de Jesús con los fariseos y su tradicional hipocresía, me parece que el evangelio de hoy nos grita a todos ¡cuida tu corazón!

¿Qué es el corazón?

El pensamiento griego –particularmente Aristóteles– separa como esferas distintas de la persona, aunque íntimamente relacionadas, sensibilidad, emotividad, afectividad, inteligencia y voluntad.

El pensamiento hebreo, en cambio, mucho más sintético y vivencial, concentra todas estas dimensiones en el corazón de la persona.

Así, para la Biblia, el corazón es la sede no sólo de los sentimientos y afectos, de los sueños y proyectos, sino también de las grandes decisiones morales. Todo "se cocina" ahí dentro.

Corazón y moralidad

En el Evangelio de hoy, Jesús insiste, particularmente, en el corazón como centro de la moralidad del ser humano. Ahí donde decidimos nuestra calidad, estatura y valor como personas. Porque la esencia de la persona humana, a diferencia de la de los animales y las cosas, es una esencia abierta.

El ser humano permanece siempre abierto al crecimiento interior, al perfeccionamiento como persona. Más aún, dicho crecimiento es una ley interior, un mandato inscrito en su propia esencia. Por eso en nuestro corazón resuena siempre una voz que nos dice: "¡Sé más!". So pena de ser menos.

El ser humano no puede seguir siendo el mismo con el paso del tiempo: o crece y mejora, o empeora; o se humaniza más o se deshumaniza. Lo explicaba el filósofo español José Ortega y Gasset: «Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede "destigrarse", el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse». La dignidad moral del ser humano radica, en definitiva, en esa posibilidad de ser más o ser menos persona.

Y para Jesús, el ser más o ser menos persona se juega en el corazón. «No es lo de fuera lo que mancha al hombre; es lo que sale del hombre lo que mancha al hombre». Ahí, en el sagrario íntimo de tu corazón, es donde tú decides quién realmente quieres ser.

La maldad del corazón

El corazón humano puede llegar a ser muy bueno. El pecado original introdujo la malicia en el corazón humano. Sin por ello eliminar la aspiración congénita del corazón a la verdad, a la bondad, a la belleza. Por eso, en el corazón humano tantas veces se dan cita lo mejor y lo peor de cada persona. Tristemente, con frecuencia ha prevalecido la maldad.

El profeta Jeremías dejó constancia de esta realidad: «El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?» (Jer. 17, 9). Y Jesús, en el Evangelio de hoy, apunta en la misma dirección: «Porque de dentro, del corazón, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre»

Corazón y libertad

Como vimos, en realidad cada uno decide qué cocina en su corazón: Si intenciones buenas, nobles, generosas, altruistas, bondadosas. O intenciones malas, mezquinas, egoístas, amargas. Y, en particular, tú decides, en cada momento, qué haces con lo que te llega de fuera o con lo que te brota de dentro.

De fuera pueden venir tentaciones, ofensas, agresiones, olvidos. De dentro pueden venir malas inclinaciones, pasiones desordenadas, emociones descontroladas. Tú decides qué haces con todo ello. Puedes sentir la fuerza de las tentaciones o de las malas inclinaciones, pero tu corazón tiene siempre la suprema libertad de consentir o no.

Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, célebre por su experiencia en los campos de concentración nazis, solía fortalecer su corazón durante el cautiverio con lo que él llamaba ejercicios de suprema libertad. El régimen nazi, para debilitar, desmoralizar y hasta "animalizar" a los presos, les proporcionaba una ración claramente insuficiente de pan al día. Frankl tomaba su minúsculo trozo, lo partía a la mitad, y se comía la cantidad que él decidía tomar. El resto lo compartía. Así mantenía su libertad intacta, por muy "preso" que estuviera. Así seguía siendo "dueño de sí mismo".

La decisión de ser más o ser menos persona no depende de las circunstancias; está en tu corazón.

Y tú, ¿cuidas tu corazón?

Tu corazón es un jardín. De él brotan tus pensamientos, deseos y acciones. Si de tu corazón brotan buenos pensamientos, deseos nobles, acciones honestas, volarás y serás más y más persona.
Si de tu corazón brotan malos pensamientos, deseos perversos, acciones viles, no volarás, y serás menos persona. ¡Cuida tu corazón! Claro está, cuidar el corazón supone trabajar el corazón.

El corazón se cultiva igual que un jardín: hay que escoger bien lo que se siembra, arrancar abrojos, eliminar plagas, regar frecuentemente y podar cuando hace falta. Los corazones buenos no se improvisan.

María

María, como buena Madre, conoce como nadie el corazón humano. Pon el tuyo en sus manos. Dile que quieres cuidarlo. Pídele que te ayude a sembrar y cultivar en él sólo buenos pensamientos, buenos deseos y buenas acciones.

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* ¿Dudas, inquietudes?  Pregúntale a un experto

 

Publicado por ALFRE306 el 7 de Febrero, 2018, 18:20 | Referencias (0)

¿Qué es el amor?

.Es no poner excusas a lo que nos cuesta


Por: Guillermo Urbizu | Fuente: http://guillermourbizu.blogspot.com/



Un golpe de brisa. El tacto de esa mano -precisamente de esa- en tu brazo. La sonrisa en el cansancio. Aquellas amapolas que parecían labios. La pureza de un noviazgo apasionado. El paisaje de los años cuando se remansa en el resplandor de la paciencia. Rezar con tus hijos o coger caracoles en familia. Ay, y poner esos platos en el lavavajillas.

El amor es un don que se manifiesta en llegar puntual a una cita, y que se hace más perfecto en las caricias. Es nuestra libertad, que se entrega hacia el bien de los demás. También está en el color de la falda de nuestra mujer, o en la camisa bien planchada del marido. El amor está en el elogio preciso a unos zapatos recién comprados, o en apagar la televisión cuando todos están a la mesa (¡cómo cuesta!). Es la ternura de la noche, en un abrazo indisoluble.

Ese enfado repentino -con o sin razón- también es amor, aunque parezca lo contrario. O ese grito que nace del cariño. Amor, amor… Amor es trabajar bien, cada uno en su verso, en su mesa, en su cocina o en sus ladrillos. Es hacer gimnasia con el alma en la calle. Dar gracias por la belleza, que es tan femenina (en sus formas y en su esencia), y por las contradicciones diarias que nos hace mejores.

¿Qué es el amor? Es subir al autobús e imaginar quién puede necesitar de nosotros. Es ceder la alegría de un piropo o poner el pétalo de una rosa entre las hojas del libro. Es no poner excusas a lo que nos cuesta. ¡Tantas cosas! Amor es todo. Es el misterio sagrado de la vida, es comulgar a Dios cada día. Es… no quedarse sólo en las palabras.

Comentarios al autor: guilleurbizu@hotmail.com

Publicado por ALFRE306 el 6 de Febrero, 2018, 18:29 | Referencias (0)

¿Vale la pena casarse?

Muchos jóvenes aseguran hoy que no ven razón alguna para contraer matrimonio. Se quieren, y en ello encuentran una justificación sobrada para vivir juntos


Por: Tomás Melendo, Catedrático de Metafísica (Filosofía) de la Universidad de Málaga | Fuente: mujernueva.org



Bastantes jóvenes aseguran hoy que no ven razón alguna para contraer matrimonio. Se quieren, y en ello encuentran una justificación sobrada para vivir juntos. Estimo que están equivocados, pero los comprendo perfectamente.

Y es que las leyes y los usos sociales han arrebatado al matrimonio todo su sentido:
a) la admisión del divorcio elimina la seguridad de que se luchará por mantener el vínculo;
b) la aceptación social de «devaneos» extramatrimoniales suprime la exigencia de fidelidad; y
c) la difusión de contraceptivos desprovee de relevancia y valor a los hijos.

¿Qué queda, entonces, de la grandeza de la unión conyugal?, ¿qué de la arriesgada aventura que siempre ha sido?, ¿con qué objeto «pasar por la iglesia o por el juzgado»? Vistas así las cosas, a quienes sostienen la absoluta primacía del amor habría que comenzar por darles la razón… para después hacerles ver algo de capital importancia: que es imposible quererse bien, a fondo, sin estar casados.

Hacerse capaz de amar

Aunque pueda suscitar cierto estupor, lo que acabo de sostener no es nada extraño. En todos los ámbitos de la vida humana hay que aprender y capacitarse. ¿Por qué no en el del amor, que es a la par la más gratificante y difícil de nuestras actividades? Jacinto Benavente afirmaba que «el amor tiene que ir a la escuela». Y es cierto. Para poder querer de veras hay que ejercitarse, igual que, por ejemplo, hay que templar los músculos para ser un buen atleta.

Pues bien, la boda capacita para amar de una manera real y efectiva. Nuestra cultura no acaba de entender el matrimonio: lo contempla como una ceremonia, un contrato, un compromiso… Algo que, sin ser falso, resulta demasiado pobre. En su esencia más íntima, la boda constituye una expresión exquisita de libertad y amor. El sí es un acto profundísimo, inigualable, por el que dos personas se entregan plenamente y deciden amarse de por vida. Es amor de amores: amor sublime que me permite «amar bien», como decían nuestros clásicos: fortalece mi voluntad y la habilita para querer a otro nivel; sitúa el amor recíproco en una esfera más alta. Por eso, si no me caso, si excluyo ese acto de donación total, estaré imposibilitado para querer de veras a mi cónyuge: como quien no se entrena o no aprende un idioma resulta incapaz de hablarlo.

A su joven esposa, que le había escrito: «¿Me olvidarás a mí, que soy una provincianita, entre tus princesas y embajadoras?», Bismark le respondió: «¿Olvidas que te he desposado para amarte?». Estas palabras encierran una intuición profunda: el «para amarte» no indica una simple decisión de futuro, incluso inamovible; equivale, en fin de cuentas, a «para poderte amar» con un querer auténtico, supremo, definitivo.

Casarse o «convivir»

No se trata de teorías. Cuanto acabo de exponer tiene claras manifestaciones en el ámbito psicológico. El ser humano sólo es feliz cuando se empeña en algo grande, que efectivamente compense el esfuerzo. Y lo más impresionante que un varón o una mujer pueden hacer es amar. Vale la pena dedicar toda la vida a amar cada vez mejor y más intensamente. En realidad, es lo único que merece nuestra dedicación: todo lo demás, todo, debería ser tan sólo un medio para conseguirlo.

Pues bien, cuando me caso establezco las condiciones para consagrarme sin reservas a la tarea de amar. Por el contrario, si simplemente vivimos juntos, y aunque no sea consciente de ello, todo el esfuerzo tendré que dirigirlo, a «defender las posiciones» alcanzadas, a no «perder lo ganado».

Todo, entonces, se torna inseguro: la relación puede romperse en cualquier momento. No tengo certeza de que el otro se va a esforzar seriamente en quererme y superar los roces y conflictos del trato cotidiano: ¿por qué habría de hacerlo yo? No puedo bajar la guardia, mostrarme de verdad como soy… no sea que mi pareja advierta defectos «insufribles» y decida no seguir adelante. Ante las dificultades que por fuerza han de surgir, la tentación de abandonar la empresa se presenta muy cercana, puesto que nada impide esa deserción…

En resumen, la simple convivencia sin entrega definitiva crea un clima en el que la finalidad fundamental y entusiasmante del matrimonio —hacer crecer y madurar el amor y, con él, la felicidad— se ve muy comprometida.

¿Amor o «papeles»?

Todo lo cual parece avalar la afirmación de que «lo importante» es quererse. Me parece correcto. El amor es efectivamente lo importante. No hay que tener miedo a esta idea. Pero ya he explicado que no puede haber amor cabal sin donación mutua y exclusiva, sin casarse. Los papeles, el reconocimiento social, no son de ningún modo lo importante… pero, en cuanto confirmación externa de la mutua entrega, resultan imprescindibles.

¿Por qué?

Desde el punto de vista social, porque mi matrimonio tiene repercusiones civiles claras: la familia es -¡debería ser!- la clave del ordenamiento jurídico y el fundamento de la salud de una sociedad: es indispensable, por tanto, que se sepa que otra persona y yo hemos decidido cambiar de estado y constituir una familia.

Pero, sobre todo, la dimensión pública del matrimonio -ceremonia religiosa y civil, fiesta con familiares y amigos, participaciones del acontecimiento, anuncio en los medios si es el caso, etc.- deriva de la enorme relevancia que lo que están llevando a cabo tiene para los cónyuges. Si eso va a cambiar radicalmente mi vida para mejor, si me va a permitir algo que es una auténtica y maravillosa aventura… me gustará que quede constancia: igual que anuncio con bombo y platillo las restantes buenas noticias. Igual, no. Mucho más, porque no hay nada comparable a casarse: me pone en una situación inigualable para crecer interiormente, para ser mejor persona y alcanzar así la felicidad. ¿Cómo no pregonar, entonces, mi alegría?

¿Anticipar el futuro?

Es verdad que, a la vista de lo expuesto, bastantes se preguntan: ¿cómo puedo yo comprometerme a algo para toda la vida, si no sé lo que ésta me deparará?, ¿cómo puedo estar seguro de que elijo bien a mi pareja?

A todos ellos les diría, antes que nada, que para eso esta el noviazgo: un período imprescindible, que ofrece la oportunidad de conocerse mutuamente y empezar a entrever cómo se desarrollará la vida en común.

Después, si soy como debo ya sé bastante de lo que pasará cuando me case: sé, en concreto, que voy a poner toda la carne en el asador para querer a la otra persona y procurar que sea muy feliz. Y si ese propósito es serio, será compartido por el futuro cónyuge: el amor llama al amor. Podemos, por tanto, tener la certeza de que vamos a intentarlo por todos los medios. Y entonces es muy difícil que el matrimonio fracase.

Observar y reflexionar

Ciertamente, esa decisión radical de entrega no basta para dar un paso de tanta trascendencia. Hay que considerar también algunos rasgos del futuro cónyuge. Por ejemplo, si «me veo» viviendo durante el resto de mis días con aquella persona; también, y antes, cómo actúa en su trabajo, trata a su familia, a sus amigos; si sabe controlar sus impulsos sexuales (porque, de lo contrario, nadie me asegura que será capaz de hacerlo cuando estemos casados y se encapriche con otro u otra); si me gustaría que mis hijos se parecieran a él o a ella… porque de hecho, lo quiera o no, se van a parecer; si sabe estar más pendiente de mi bien (y del suyo) que de sus antojos…

En definitiva, atender más a lo que es; después, a lo que efectivamente hace, a cómo se comporta; y en tercer lugar, a lo que dice o promete, que sólo tendrá valor cuando concuerde con su conducta.

Relaciones anti-matrimoniales

Y aquí suele plantearse una de las cuestiones más decisivas y sobre las que impera una mayor confusión. La necesidad de conocerse, de saber si uno y otra congenian, ¿no aconseja vivir un tiempo juntos, con todo lo que esto implica?

Se trata de un asunto muy estudiado y sobre el que cada vez se va arrojando una luz más clara. Un buen resumen del status quaestionis sería el que sigue: está estadísticamente comprobado que la convivencia a que acabo de aludir nunca -nunca!- produce efectos beneficiosos. Por ejemplo: a) los divorcios son mucho más frecuentes entre quienes han convivido antes de contraer matrimonio; b) las actitudes de los jóvenes que empiezan a tener trato íntimo empeoran notablemente y a ojos vista… desde ese mismo momento: se tornan más posesivos, más celosos y controladores, más desconfiados e irritables…

La causa, aunque profunda, no es difícil de intuir. El cuerpo humano es, en el sentido más hondo de la palabra, personal; y quizá muy especialmente sus dimensiones sexuales. En consecuencia, la sexualidad sólo sabe hablar un idioma: el de la entrega plena y definitiva.
Mas en las circunstancias que estamos considerando esa total disponibilidad resulta contradicha por el corazón y la cabeza, que, con mayor o menor conciencia, la rechazan, al evitar un compromiso de por vida. Surge así un ruptura interior en cada uno de los novios, que se manifiesta psíquicamente por un obsesivo y angustioso afán de seguridad, cortejado de recelos, temores, suspicacias… que acaban por envenenar la vida en común.

De ahí que a este tipo de relaciones, en contra del uso habitual, prefiera llamarlas «anti-matrimoniales».

Para conocerse de veras

Por otro lado, resulta ingenua la pretensión de decidir la viabilidad de un matrimonio por la «capacidad sexual» de sus componentes: ¡como si toda una vida en común dependiera o pudiera sustentarse en unos actos que, en condiciones normales, suman unos pocos minutos a la semana!

Pero es que la mejor manera de conocer a nuestro futuro cónyuge en ese ámbito consiste, como antes sugería, en observarlo en los demás aspectos de su vida, y tal vez principalmente en los no se relacionan directamente con nosotros: reflexionar sobre el modo cómo se comporta en su familia, en el trabajo o estudio, con sus amigos o conocidos. Si en esas circunstancias es generoso, afable, paciente, servicial, tierno, desprendido…, puede asegurarse, sin temor al engaño, que a la larga esa será su actitud en las relaciones íntimas. Mientras que la «comprobación directa», e incluso la forma de tratarnos, por responder a una situación claramente «excepcional» -el noviazgo- no sólo no proporciona datos fiables sobre su vida futura, sino que en muchos casos más bien los enmascara.

¿Probar a las personas?

Pero se puede ir más al fondo: no es serio ni honrado «probar» a las personas, como si se tratara de caballos, de coches o de ordenadores. A las personas se las respeta, se las venera, se las ama; por ellas arriesga uno la vida, «se juega -como decía Marañón- a cara o cruz, el porvenir del propio corazón».

Además, la desconfianza que implica el ponerlas a prueba no sólo crea un permanente estado de tensión difícil de soportar, sino que se opone frontalmente al amor incondicionado que está en la base de cualquier buen matrimonio.

A lo que cabe añadir otro motivo, todavía más determinante: no se puede (es materialmente imposible, aunque parezca lo contrario) hacer esa prueba, porque la boda cambia muy profundamente a los novios; no sólo desde el punto de vista psicológico, al que ya me he referido, sino en su mismo ser: los modifica hondamente, los transforma en esposos, les permite amar de veras: ¡antes no es posible hacerlo!, como ya apunté.
Pero esta es una cuestión de tanta trascendencia que quizá merezca, íntegro, un nuevo escrito.

Publicado por ALFRE306 el 5 de Febrero, 2018, 16:47 | Referencias (0)

Los 10 NO del noviazgo

10 cosas a las que hay que decir NO con firmeza para que el noviazgo lleve a un buen matrimonio


Por: Desde la Fe // Religión en Libertad | Fuente: Desde la Fe // Religión en Libertad



El portal católico mexicano Desde la Fe presenta un completo repaso de cosas que hay que tener en cuenta para aprovechar el noviazgo y evitar malos matrimonios. Lo reproducimos por su interés.

Un buen matrimonio depende en gran parte de un buen noviazgo, de que él y ella aprovechen bien ese tiempo para conocerse. Además de amor, ¿qué se necesita para tener un buen noviazgo? He aquí diez recomendaciones que conviene considerar:

1. NO dejar fuera a Dios
Antes que nada, pregúntale a Dios si tu vocación es el matrimonio. Consulta un director espiritual. Cuando creas haber conocido a la persona indicada, oren juntos, vayan juntos a Misa, encomiéndense a Dios y a María. Antes de casarse, acudan a un retiro para novios. Y después no se atengan a sus solas míseras fuerzas para amarse: no se vayan a vivir juntos ni se unan sólo por lo civil, sino mediante el sacramento del matrimonio, para recibir de Dios la gracia sobrenatural de ser fieles y amarse mutuamente como Dios los ama.

2. NO engañar
Esto abarca dos aspectos. Primero: no finjas lo que no eres. No digas que te gusta lo que no te gusta, que haces lo que nunca haces, etc. sólo para ser como crees que tu novia o novio espera que seas. Descubrirá tu engaño al casarse, y puede ser motivo para separarse. Sé tú mismo, tú misma. Si no es compatible contigo, ni modo, no fuerces las cosas, ya encontrarás a quien lo sea. Recuerda que “siempre hay un roto para un descosido”. Y, segundo: no seas infiel. La infidelidad en el noviazgo es motivo para terminar la relación, porque los novios infieles, suelen ser cónyuges infieles.

3. NO querer cambiar al otro
Hay quien piensa: “mi pareja tiene esta forma de ser, o este hábito, o este vicio que no me agrada, pero yo la voy a cambiar”. Es una falsa expectativa. La gente no suele cambiar. El introvertido nunca se volverá extrovertido; la parlanchina no sabrá quedarse callada; el novio que nunca se acomide a ayudar será un marido haragán; la novia desaliñada será una esposa de bata y pantuflas. Y las características que te molestan en el noviazgo, en el matrimonio pueden aumentar y resultarte intolerables. O le aceptas como es, o no te cases.

4. NO justificar lo injustificable
Si en el noviazgo, cuando se supone que están enamorados y desea complacerte, tiene desatenciones, te deja esperándole y no se disculpa; se la pasa viendo el celular, llega tarde, no te pregunta cómo estás, te calla, te critica, en el matrimonio será peor. No busques pretextos para justificar sus malas actitudes, busca mejor otra pareja.



5. NO violencia
Si en el noviazgo ya hay gritos, malos modos, insultos y hasta golpes, ¡hay que salir huyendo! Un novio que te levanta la voz, será un esposo que te levantará la mano; una novia que te humilla ante tus amigos, será una esposa que te humillará ante tus hijos. ¿A qué arriesgarse a casarse con alguien que puede poner en riesgo tu integridad y la de tu familia?

6. NO relaciones sexuales
El sexo es fabuloso. Decir esto parecería razón para practicarlo en el noviazgo, pero es justo lo contrario: puede hacer que una pareja crea que son compatibles, cuando en realidad sólo lo son en la cama. Un amante habilidoso no necesariamente es un buen esposo. Y hay muchos momentos en el matrimonio en que no será posible tener relaciones sexuales, así que si el sexo es lo único que los une, su relación irá a pique.

Una amiga me contó que su hija fue a confesarse de haber tenido relaciones sexuales con su novio, y el padre le dijo: “si se aman, no es pecado”. Sorprende semejante respuesta, porque Jesús menciona, en la lista de maldades que manchan al hombre, la fornicación, es decir, la relación sexual fuera del matrimonio (ver Mc 7, 14-23). La relación sexual está pensada para ser una donación total entre esposos que prometen, con la gracia de Dios, amarse toda la vida. No hay que banalizarla adelantándola, ni arriesgarse a un embarazo no deseado. Y, sobre todo, no hay que olvidar que para unos novios católicos tener relaciones sexuales pre-matrimoniales no es algo que alguien pueda autorizar por encima de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que enseñan que es pecado (ver Catecismo de la Iglesia Católica #1755; 1852; 2353).

7. NO desoír opiniones y consejos
Por tener una visión desde fuera, puede suceder que tus familiares y amigos capten actitudes de tu pareja que tú no has percibido. “ay, mijita, tu novio toma demasiado”, “ay, hijo, ella trata muy feo a su mamá”, “oye, amiga, como que tu novio es ojo alegre, lo he visto coqueteando…”; “híjole carnal, me late que esa chava sólo te busca por tu dinero, se la pasa haciéndote gastar…”; “uy, le vi fumando mariguana”. Presta atención, no cierres los oídos. En los procesos de declaración de nulidad matrimonial, suelen preguntar cuál era la opinión de quienes rodeaban a los novios. Y es casi seguro que hubo muchas críticas que fueron desoídas…

8. NO suponer, mejor preguntar
El noviazgo es un tiempo para conocerse, para hablar, hablar y hablar de todos los temas habidos y por haber, para preguntar. Muchos matrimonios se rompen porque no descubrieron a tiempo que pensaban muy distinto: “¡creí que sí querías tener hijos!”; “¡no pensé que te molestara que trabaje!”; “¡no sabía que tu mamá vendría a vivir con nosotros!”. Más vale dialogar que lamentar.

9. NO dejar de considerar a la familia
No sólo hay que fijarse en la pareja, sino en su familia. ¿Cómo es?, ¿cómo se llevan sus miembros entre sí?, ¿cuáles son sus valores? Recuerda que muy probablemente tendrás que convivir con ellos en Navidad, año nuevo, cumpleaños, aniversarios, algunos fines de semana, etc. Sus papás serán abuelos de tus hijos, y tus cuñados, sus tíos; querrán pasar tiempo con ellos, ¿qué clase de ejemplo les darán? ¿Es ésta la familia a la que quieres pertenecer?, ¿o vas a discutir y a pelearte cada vez que tu cónyuge la quiera ver?


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10. NO sólo buscar “que te haga feliz”
Muchos se casan pensando: “ésta me hará feliz” (porque es bonita y puede lucirla en las fiestas de la oficina, o porque cocina rico, o es hacendosa), o éste me hará feliz, (porque es tan guapo que sus amigas la envidiarán; o porque gana tanto que podrá darle una vida de lujos). Buscan la pareja que los haga felices. Pero si la bonita se pone fea o se enferma, al guapo le sale panza, o pierde la chamba, ya no “hace feliz”, es hora de descartarlo.

La motivación para casarse no debe ser “que me haga feliz”, sino “quiero hacerle feliz”. Y qué mayor felicidad que santificarse mutuamente para llegar al cielo. Si tanto él como ella dicen: “le amo tanto que quiero dedicarme a que sea feliz aquí y por toda la eternidad”, eso sí que con la ayuda de Dios, se puede lograr pase lo que pase, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe en este mundo y puedan reencontrarse en la vida eterna para siempre.

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Publicado por ALFRE306 el 4 de Febrero, 2018, 18:19 | Referencias (0)

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