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18 de Enero, 2018


Acompañar a un joven con mal desempeño académico

Te compartimos algunas ideas para ayudar a los jóvenes que han tenido un fracaso académico


Por: Sebastian Campos | Fuente: Catholic.net



Nadie espera que los jóvenes que uno acompaña y lidera tengan mal desempeño académico, pero lamentablemente muchas veces tenemos que sostener a quienes, por diferentes razones, no rindieron como esperaban ellos ni como esperaban aquellos que los quieren.

Haber experimentado un “fracaso académico” es algo que nadie desea y muchas veces, la vergüenza, la frustración y la tristeza, hace que aquellos que no calificaron bien se aíslen de sus más cercanos y no se dejen acompañar y animar; por eso, te compartimos algunas ideas y consideraciones para que, en caso de ser necesario, las pongas en práctica.

 
Enfrentar la magnitud real del problema, no relativizarlo ni disminuirlo.

A veces, con la mejor de las intenciones, se nos escapan frases desafortunadas como “si no es tan grave” o “no te preocupes si hay cosas peores”. Seguro que hay cosas peores y más graves, pero consolar usando comparaciones y restándole valor a lo sucedido, no es la mejor estrategia.

Es sano para un joven y para cualquier persona, sopesar lo ocurrido con objetividad, y si la metida de patas es grave, pues vivirla como tal. No es lo mismo tener malas calificaciones en primaria, que reprobar asignaturas en la universidad y que estas te atrasen y te tengas que graduar años más tarde; así como tampoco es cualquier cosa el no obtener buen puntaje para ingresar a la universidad o a la carrera que se tenía como preferencia.



Es sano mirar lo ocurrido con objetividad, no esconderlo debajo de la alfombra y pasar el trago rápidamente; aunque tampoco se trata de patear en el suelo al caído y restregarle en la cara su fracaso. El ejercicio es acompañar un resultado desfavorable, enfrentar el fracaso una circunstancia que es parte de la vida y seguir adelante.

 
Comprender la situación es diferente a buscar responsables

Algunos, luego de tener un mal resultado académico, miran hacia atrás buscando responsables; que el sistema, que la familia, que la situación económica, que el gobierno, que los profesores, que la salud, etc.

Sin duda todos estos factores afectan el desempeño académico y las oportunidades de una persona al momento de rendir una prueba y demostrar sus conocimientos y condiciones como estudiante; pero endosar toda la responsabilidad a esas circunstancias no es saludable. Los resultados del estudiante, aunque condicionados por su contexto, dependen también de sí mismo y es importante que, comprendiendo la situación, muchas veces adversa, veamos en qué cosas sí hay libertad, opciones y oportunidades y cómo hacer para que en el siguiente intento, esos factores que escapan de uno, no afecten tanto el rendimiento académico.

 
Frustrarse y sentir tristeza es natural; hay que acompañar ese tiempo con calma

No podemos esperar que con un trozo de pizza, un par de chistes y ver a los amigos se borre todo y aquí no ha pasado nada. Muchas veces la frustración y la tristeza pueden durar varios meses y las consecuencias de un mal rendimiento académico pueden manifestarse por mucho tiempo; por lo tanto, más que parchar la herida para pasar rápidamente de ella, es bueno comprender que esas cosas requieren tiempo y que la motivación y las ganas de volver a esforzarse no regresan mágicamente.

No debemos frustrarnos ni presionar a quienes acompañamos si es que estos no logran salir de su bache de tristeza; debemos perseverar en ellos, acompañarlos y mantenernos cercanos, disponibles y comprensivos. No siempre es fácil volver a ponerse de pie.

 
Replantearse objetivos y metas

No se pudo, no se logró, es lamentable pero ¿y ahora qué?. El mundo no se va a detener y la vida no se acaba ahí, por muchas ganas que tengamos de que ocurra lo contrario; por lo tanto es tiempo de replantearse, re definirse y volver a fijar una ruta.

A veces es incómodo tener que enfrentar a un joven que no ha tenido un buen desempeño académico y que sus resultados negativos son una constante; pues muchas veces se hace necesario invitarlo a cambiar de rumbo, a replantearse la idea de estudiar esa carrera o seguir ese camino académico.

Muchas veces los estereotipos culturales empujan y presionan por un camino como si este fuera el único; pero no todos tenemos que ser profesionales y no lo digo como un concepto económico para mantener jerarquías y clases sociales, sino como un aspecto vocacional; Dios nos ha llamado a todos para cosas diferentes y eso se llama vocación.

El rendimiento académico, también es un elemento vocacional a utilizar al momento de discernir.

 
Cuando la motivación extrínseca falla, intentar con la intrínseca

Muchas veces intentamos motivar con premios y recompensas. Entonces proponemos animar a los caídos con recompensas futuras, con logros a obtener si se esfuerzan, si vuelven a ponerse de pie, si lo intentan una vez más y con más ganas, si renuevan sus energías. Pero sé que muchos hemos visto que ni las promesas de estabilidad laboral y un buen sueldo o el prestigio de egresar de una buena carrera en una buena universidad, son motivación suficiente.

Entonces es sano mirar hacia adentro de nuestros jóvenes y ayudarlos a que ellos hagan ese viaje interior. No todo son premios y logros; de hecho, la mejor razón para estudiar, esforzarse y superarse es la vocación misma, el sentido y propósito personal que cada cual ha encontrado para su vida.

Aquí el rol vocacional de nuestra pastoral de jóvenes es fundamental. No podemos esperar que un muchacho se esfuerce y dé lo mejor de sí para lograr ciertos objetivos académicos, si no sabe lo que quiere en la vida. Nosotros estamos para acompañar esa búsqueda, para que ese mismo descubrimiento, que en el fondo es Dios hablando, sea la mejor herramienta motivacional que podamos ofrecer.

 


Sebastián Campos

Chile.
http://www.sebacampos.com
http://www.facebook.com/sebastiancamposg

 

 

Publicado por ALFRE306 el 18 de Enero, 2018, 18:33 | Referencias (0)

 

 

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