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Febrero del 2017


Sincretismo Afrosuramericano: vudu, cambdomble, santeria

Nuestra investigacion continua con las deformaciones del cristianismo


Por: Anonimo | Fuente: Tiempos de Fe, Año 2, No. 10



ROMA, (ZENIT).- Poco a poco, el pueblo de color, descendiente de los esclavos africanos llevados al nuevo continente, realizó una fusión entre los elementos de su religión ancestral (que debían practicar de manera oculta) con la de sus amos católicos, en el área de influencia de las Coronas española y portuguesa. Se acaba así en un sincretismo que se diferencia de las versiones negras del cristianismo en el norte de América donde a los esclavos abrazaron el protestantismo. En la zona de Caribe y Brasil, la religión de los siervos conservó muchos más elementos de sus creencias africanas animistas, ocultas por las versiones populares de la religión de sus amos o integradas con ellas. Las más extendidas de estas creencias son el Vudú, en Haití, el Camdomblé, en Brasil, y la Santería en Cuba.

La mayoría de los esclavos llevados a las colonias portuguesas, españolas y francesas del Caribe procedían de una región de África occidental que los negreros llamaban la Mina o Costa de los Esclavos (un territorio que en la actualidad abarca Togo, Benin, Ghana y parte de Nigeria). La mayoría procedían de la etnia yoruba, con unos ritos en los que se sacrificaban animales y se comían algunas partes de la víctima. Por tanto, fue fácil para estos africanos asumir el rito sacrifical de la misa. Los dioses y diosas de sus creencias fueron enseguida identificados con algunos santos católicos que tenían algunas características semejantes. El Camdomblé, un culto que nació ilegal, es ahora una religión reconocida cuyo principal contenido, aunque tenga elementos católicos deformados, son danzas de posesión espiritual que conducen a estados de trance.

Vudú es una deformación de la palabra "vaudoux", aplicada a un dios serpiente con poderes de oráculo, venerado en un frenético baile tribal por esclavos del actual Benin. La palabra "vodou" es análoga a "espíritu" en la lengua africana de la que procede. La mayoría de los términos que usa el Vudú son criollos, de la lengua haitiana que combina francés, español y africano, y tiene algunas conexiones con el "patois" de los criollos de Nueva Orleáns (EE.UU.).

En estas creencias del nuevo mundo, de procedencia africana (existen otros sincretismos de origen indoamericano), los espíritus no son concebidos como entidades individuales sino combinaciones de personalidades con varias identidades relacionadas. Se honra, por ejemplo a un espíritu llamado "orisha" en la Santería y "orixá" en el Camdomblé, una forma del dios serpiente, en el día de San Patricio, de quien la tradición dice que expulsó a las serpientes de Irlanda. "Ogou", el dios yoruba de la caza, en Haití es "Ogoun" u "Ogun", el espíritu del hierro y de la guerra, identificado con Santiago el Mayor. "Xango", el dios yoruba del fuego y el trueno, se ha travestido mágicamente en Santa Bárbara.

Existen unos 400 espíritus menores pero un único espíritu mayor, que no se implica en la creación. Esta deidad "Olorun" u "Olodumare", el Soberano del Universo es, para los antillanos el "Gran Met" contracción de "gran maestro", en francés. La mayoría de los ritos del Vudú empiezan con oraciones católicas como padrenuestro, avemaría y algunas variaciones del credo niceno, recitados en francés por el "presavann", el "sacerdote del bosque" en criollo. Luego, la lengua cambia al criollo y empiezan las danzas extáticas y los tambores a ritmo cada vez más  trepidante.



Pero el Vudú no tiene nada que ver con la religión de los "zombies", los muertos vivientes, o los hechizos con muñecos, divulgados por las simplificaciones de Hollywood. Lo que sí es cierto es que los esclavos, que se reunían de noche para practicar su creencia y sacrificar animales, en una de ellas, en 1791, se conjuraron para luchar contra sus cadenas. Dos años después, en la isla de la Española (que comparten la República Dominicana y Haití) la esclavitud se abolió en Santo Domingo, colonia española, y, en 1804, se proclamó la República de Haití, colonia francesa, reconociendo la igualdad para todos sin distinción de color o credo, 60 años antes de la proclamación de emancipación de Estados Unidos. Se ve aquí la importante componente liberadora e igualadora que tuvo la religión. No hay que olvidar que los esclavos de Haití se independizaron de la Francia revolucionaria, que proclamaba estos principios.

El Camdomblé recoge una serie de creencias africanas practicadas por los esclavos de Brasil en el siglo XIX, sobre todo en la región de Bahía. En el sureste del país se llama Macumba y en Rio de Janeiro, Umbanda. El término camdomblé se refiere al grupo de devotos y el lugar donde celebran los ritos y danzas. En algunos casos, los esclavos liberados que regresaban a África y se iniciaban como intermediarios con los espíritus volvieron a Brasil llevando estos poderes. Son, sobre todos, mujeres mayores.

Santería ("camino de los santos") es el nombre que se da en Cuba a estos ritos ancestrales, mezclados también con creencias populares católicas y yorubas. Con el éxodo de más de un millón de cubanos a Norteamérica, se ha extendido también a EE.UU. y Canadá y a otros grupos hispanos y afroamericanos. A los intermediarios que dirigen el rito se les llama santeros.

Investigadores de la historia de las religiones han encontrado explicaciones más profundas que las simplificaciones de estos ritos animistas, bastante desconocidos, expresiones ancestrales y primitivas del ser humano oprimido, en su búsqueda del encuentro con la divinidad liberadora y trascendente. De todos modos no son en ningún caso religiones "cristianas".

Publicado por ALFRE306 el 28 de Febrero, 2017, 9:37 | Referencias (0)

El camino del noviazgo de ayer y de hoy es distinto

Asume tu responsabilidad del infierno o del cielo en que vives


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



En la época de mi tatarabuelo y también en la de mi abuelo, los padres eran quienes se ocupaban de los matrimonios de sus hijos.
Ellos eran quienes les proponían a otros padres la unión de sus hijos.

No se trataba de matrimonios de amor, sino de conveniencia.
Más tarde, quizás, nacía en ellos el amor y se convertían en matrimonios en los cuales se amaban.
Era más fácil, era mucho más sencillo.
Era la manera de ampliar la propiedad de la tierra, asegurar la continuidad del comercio o de la fábrica.

Así fue el casamiento de mis abuelos maternos. Mi abuela era la primogénita de dos casas y tierras de labranza y buscaron un hombre bueno, trabajador que atendiera los campos.
Murieron estando juntos ya viejitos, pero hoy cuando miro mi niñez y mi vida con ellos, no encuentro nunca en mis recuerdos que se hayan tenido un gesto de cariño, un beso, un abrazo. Hoy me duele estar convencido que nunca se amaron.

De todas formas, los hijos, los que en definitiva se casaban, no tenían derecho a opinar, era lo normal: nadie lo cuestionaba.
Seguramente si alguien les hubiera dicho que esta manera de armar matrimonios no estaba bien, no lo hubieran entendido.
Hoy lo vemos mal, porque la vida evolucionó y las circunstancias cambiaron.

Por eso siempre que juzgamos hechos de otra época debemos tener presente como era en aquel entonces las costumbres, las circunstancias.
Juzgar con mente de hoy, hechos del ayer, lleva con frecuencia a no ser justos.

Después vinieron las uniones por amor, y está muy bien. Conocíamos a una chica, nos poníamos de novios y nos casábamos.
Durante mucho tiempo funcionó así. Ese era el orden o el camino para convivir con otra persona.
Hoy este camino está algo pozeado. Está como si hubieran barajado los tiempos, como aquel que baraja un mazo de naipes.

Hay quien está de novio, si. Pero hay tantas formas de noviar que uno ya no sabe como es el camino.
Antes eran los padres los que investigaban el cómo era y como convenía que fuera el conyugue. Ahora esta etapa de investigación del otro lo deben hacer los novios y novias y hay que partir del hacerse una pregunta: ¿podré vivir toda la vida con la parte fea del otro? Porque con la linda es fácil.

“Se es tan precavido para cruzar una calle y tan poco atento para cruzar la vida”
Una de las tantas frases del inolvidable Monseñor Antonio Gatti.
Porque convengamos que decidir compartir la vida con otro es el cruce más importante que uno hace en la vida.

Me contaba el cura Pepe, mi hermano, que cada día son más las bendiciones a tres, en el momento del matrimonio religioso y que nada se atreve a decir si previamente no lo ha conversado con los contrayentes.
En el fondo --me seguía diciendo-- me tengo que alegrar que algo que empezó en una cama, termine en una iglesia.

No sé como irá evolucionando, pero si sé que evolucionará, como ha evolucionado la manera que se casó mi abuela.

El amor sigue siendo el gran ausente de la historia humana, a pesar de las múltiples historias amorosas que todos los días nos venden.
Cada día el mundo actual está más lleno de personas que ya no saben que es el amor. Llaman amor a cualquier otra cosa.
Muchos creen que el amor es tener alguien encima.

¿Será por eso que el hombre no ha aprendido a poner la otra mejilla?
¿Será por eso que el hombre no entendió lo que quería decir lo de poner la otra mejilla?
¿Qué es necesario para poner la otra mejilla, tan importante en la convivencia? El ser generoso.
Ser cada uno como es y hacer un solo camino feliz, se logra cuando se encuentran dos generosidades.
Cuando chocan los dos egoísmos, los caminos se bifurcan.

Uno es amado y es feliz, y quiere amar para hacer feliz.
Por eso es tan importante no confundir conceptos tan necesarios en el tema del amor. ¿Cómo se llega al amor?
Por el camino de siempre: la atracción, el enamoramiento y el amor.

Porque al amor verdadero (Felicidad) se llega desde la atracción (Placer) y el enamoramiento (Encanto). Aunque es el amor el que da sentido a la atracción y el enamoramiento. Y saber enamorarse muchas veces de la misma persona, sentirse atraída por ella, garantiza el éxito de esta aventura, que requiere de nuestra inteligencia, voluntad, libertad y sobre todo generosidad.

Pero, si como dicen los expertos, “el placer es buscado como satisfacción de las necesidades del individuo, el acto sexual pierde su valor esencialmente humano".

Pretender llegar a la felicidad partiendo del placer sexual o de las sensaciones es un engaño, una de las primeras trampas con la que te encontrarás al confundir la pasión con el amor. Creer que amamos cuando sólo deseamos nos lleva a primar el simple placer físico, momentáneo y fugitivo, que deja un pozo de insatisfacción.

Porque la satisfacción sexual es en realidad sólo una parte, y quizá la más pequeña, de la alegría de la entrega sexual en cuerpo y alma propia de la entrega total del amor verdadero.(Remedios Falaguera)

Es tu decisión vivir --en el infierno o en el cielo--, porque dónde quieras que escojas vivir, tendrás que crearlo tu. Nadie lo hará por ti. Tú eres el creador de un cielo o de un infierno. Tú lo tienes que hacer.

No es algo que ya está listo, que sólo necesitas comprar un billete y tomar el tren: es algo que tiene que ser creado y creado por ti.
Y en una vida compartida este cielo o este infierno es creación de a dos.

El amor puede crear un paraíso o no, aquí y ahora.
Toda mi enseñanza es “amar más”, hasta que tu mismo te conviertas en el manantial de amor y nada mas.....Asume tu responsabilidad del infierno o del cielo en que vives.

Y cuando comprendas tu responsabilidad, no creo que haya quién escoja vivir en el infierno. (Osho .-The Golden Future)


El amor o es constructor o destruye lo que está a su alrededor.
Es desde el amor en la familia que superaremos las crisis.
Todas las crisis, las propias y las que nos rodean ya sean comunitarias, barriales o de país.

Lo que pasa en nuestro matrimonio, lo que pasa en nuestra familia, siempre......siempre afecta lo que pasa afuera, lo que pasa en la vereda de enfrente.

Y los primeros afectados son los hijos. Ellos no pueden entender que se los ame, sin ver que sus padres se amen.
Todo el futuro, todo nuestro cielo o nuestro infierno, se lo pasamos a ellos.


Salvador Casadevall salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

Publicado por ALFRE306 el 27 de Febrero, 2017, 9:07 | Referencias (0)

Invertir a lo grande

Cristo ofrece el ciento por uno y la vida eterna a aquellos que acepten seguirle.


Por: Carlos Abad | Fuente: Virtudes y Valores



Últimamente se ha hablado mucho de la crisis financiera, ha sido un tema de interés en todos los noticieros y se escucha de ella en todos los rincones de la tierra. Con ello ha cambiado la visión de muchas personas hacia el sector financiero y desconfianza de parte de los accionistas y las empresas.

Sin embargo, hay algunos proyectos en donde aún se puede invertir con un riesgo seguro y un rendimiento más que generoso, haciendo de ellos iniciativas que deberían llamar la atención en todo tipo de mercados. No obstante, parece que se les conoce poco. Este tipo de inversiones implican un enorme costo, pero vale la pena por el enorme beneficio.

Este proyecto es bastante antiguo, es una empresa por la cual han trabajado muchas personas. Uno de los primeros accionistas preguntó al empresario que le invitó a contribuir en su empresa: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?”(Mt 19,27). Este le respondió: “Recibirán cien veces más y obtendrán como herencia la vida eterna” (Mt 19,29). Este inversionista se llamaba san Pedro.

Cristo ofrece el ciento por uno y la vida eterna a aquellos que acepten seguirle. No es una forma bonita para animarles, es una realidad. Por otra parte el rendimiento del 100% es todo un negocio, se obtiene una ganancia inigualable, casi irreal considerando que nadie ofrece este interés. Cualquier persona debería interesarse para invertir en este proyecto ideal.

Sin embargo él es un empresario que pide una colaboración absoluta en su plan, una dedicación de cuerpo y alma, quiere que su socio involucre todos sus bienes, una inversión inicial bastante comprometedora. Aquí está la traba, sólo algunos están dispuestos a dejarlo todo, pocos aceptan la propuesta ya que están apegados a sus bienes y no se dan cuenta de la maravillosa oportunidad que se les ofrece.

Uno de los criterios más usados actualmente para evaluar un proyecto y conocer su conveniencia es el así llamado valor actual neto (VAN). Básicamente consiste en confrontar la inversión inicial, que es un costo, a la suma de los beneficios actualizados que resultan durante el flujo de casa de dicho proyecto. Evidentemente si la suma de los beneficios es mayor al costo, vale la pena aceptar, ya que al final de cuentas es una ganancia.

Analizando esta teoría descubrimos que el llamado de Cristo no vale la pena, sino la vida. Él nos regala gratuitamente mucho más de lo que nosotros podemos conseguir por nuestras propias fuerzas: el ciento por uno y la vida eterna a un precio tan limitado y pasajero. En el mundo financiero un proyecto con estas características sería todo un éxito.

Considerando la propuesta y las palabras de Cristo vale la pena dejarlo todo, dar la vida entera en su servicio, que por más duradera que esta sea, siempre será un punto en medio de la eternidad.

 

 

Publicado por ALFRE306 el 26 de Febrero, 2017, 9:39 | Referencias (0)

Vamos camino de la guerra mundial por el agua

El respeto del agua es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos

El Papa Francisco alerta: Vamos camino de la guerra mundial por el agua

(Collage) Israel Defense Forces / © Antoine Mekary - ALETEIA-CC


“Yo me pregunto si en medio de esta “tercera guerra mundial a pedacitos” que estamos viviendo, no estamos en camino hacia la gran guerra mundial por el agua”, expresó el papa Francisco, este viernes 24 de febrero en la Casina Pio IV del Vaticano.

“El derecho al agua es determinante para la supervivencia de la persona y decide el futuro de la humanidad”, expresó Francisco ante los participantes en el Seminario sobre el derecho humano universal al agua y la exigencia de políticas publicas, organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias.

El Papa citó datos de Naciones Unidas: “Cada día mil niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua; millones de personas consumen agua contaminada. Estos datos son muy graves; se debe frenar e invertir esta situación. No es tarde, pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para el bien de la humanidad”.

El agua como derecho humano fundamental se encuentra dentro del debate internacional para evitar que sea un recurso sujeto a privatizaciones y negocio, por ende de difícil acceso a los más pobres y marginados.

En este sentido, aseguró: “Toda persona tiene derecho al agua potable y segura. Es un derecho humano básico y una de las cuestiones nodales en el mundo actual”.

“Es doloroso ver cuando en la legislación de un país o de un grupo de países no se considera al agua como un derecho humano, más doloroso aún cuando se quita lo que estaba escrito allí y se niega este derecho humano”, añadió.

El agua como servicio público. Es necesario otorgar al agua la centralidad que merece en el marco de las políticas públicas”.

El agua derecho fundamental: “Nuestro derecho al agua es también un deber para con el agua. Del derecho que tenemos a ella se desprende una obligación que va unida y no puede separarse. Es ineludible anunciar este derecho humano esencial y defenderlo como se hace. Pero también actuar de forma concreta asegurando un compromiso político y jurídico con el agua”.

“El derecho al agua potable y el saneamiento”, dijo el Papa, deben ser defendidos por cada Estado con “instrumentos jurídicos”. Así, recordó las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 2010. Argumento que ordena el planeamiento de las ciudades y pueblos, ataca la pobreza y la desnutrición.

El Seminario – Taller ha concluido con el discurso del Papa y la firma de una acta de intentos con el objetivo de generar propuestas para que el agua sea un derecho fundamental base de cualquier sociedad más justa, solidaria y equitativamente desarrollada. De cara a la prevención de confictos basados en intereses políticos y económicos por sobre la vida humana.

Más información:

La “guerra del futuro” llegó a Bolivia: La gente se pelea por el agua

Papa Francisco apoya la defensa de la calidad del agua y aire en las ciudades

Publicado por ALFRE306 el 25 de Febrero, 2017, 9:04 | Referencias (0)

El miedo al fracaso

La vida es un combate, pero sólo quienes luchan y tienen esperanza la viven en plenitud.


Por: Santiago Casanova, L.C. | Fuente: Catholic.net



“Es mejor perderse que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar, aunque ya ves que no es tan fácil empezar”. Estas palabras del tema musical “Color esperanza” del cantante argentino, Diego Torres, nos ponen en guardia contra uno de los peores enemigos de nuestra vida. Tenemos muchos propósitos, nos gustaría emprender grandes proyectos, y quisiéramos superarnos en muchos aspectos, pero siempre hay algo que nos paraliza: el miedo al fracaso.

Parece ser que el lema de nuestra vida es: “ser sobresaliente o nada”, y ante los primeros síntomas de una derrota, nos desanimamos y dejamos todo a la deriva.

Este es el verdadero fiasco, dejar todo a la deriva, no emprender nada por temor a fracasar. Las caídas son algo normal en el ser humano que está luchando por alcanzar algún objetivo en su vida. Perder una batalla no significa perder la guerra.

¿Qué hacer para vencer el miedo al fracaso que tantas veces nos paraliza?

En primer lugar debemos tomar consciencia de que la lucha es algo connatural a nuestra condición humana. Ya nos lo decían las escrituras: “Militia est vita hominis super terram”. Somos hombres, no ángeles, podemos equivocarnos.

En segundo lugar debemos confiar, “pintarnos la cara color esperanza” diría en la misma canción el cantante anteriormente citado. Pero ¿en quién o en qué debemos confiar?

Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas- que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar (Benedicto XVI, Spe Salvi, nº 31).

Necesitamos tener motivaciones humanas precisamente porque somos humanos, y fácilmente nos cansamos si seguimos únicamente motivaciones sobrenaturales, pero ellas no pueden superar a la esperanza en Cristo. Siguiendo únicamente esperanzas pequeñas podemos llegar a hacer cosas muy buenas, pero limitadas como nuestras propias fuerzas, en cambio, con nuestra Gran Esperanza, podemos alcanzar incluso aquello que sobrepasa nuestras fuerzas. Necesitamos esperar en algo o en alguien para alcanzar frutos en nuestra vida, quien en nada espera, nada consigue.

Podemos ver ejemplos de personas de todo tipo que, a lo largo de la historia, han luchado y han tenido esperanzas –más grandes o más pequeñas- y han salido triunfantes.

Albert Einstein era considerado por sus padres un deficiente mental cuando era niño. A los tres años todavía no había aprendido a hablar. En la escuela fue un estudiante no destacado. Sin embargo, no se dejó llevar por esas limitaciones que podrían asustarlo, y por medio de un gran esfuerzo y de una esperanza en sus cualidades que parecían estar ocultas, salió adelante. Hoy, quien era tenido por deficiente mental, es considerado un genio.

El cura de Ars tuvo muchas dificultades en sus estudios. No conseguía aprender el latín. Teniendo 20 años de edad, era aventajado ampliamente por sus compañeros de 12 y 13 años. Reprobó exámenes en varias ocasiones, después de haber estudiado días y noches enteras, y fue aconsejado por sus superiores a abandonar la vocación sacerdotal debido a su limitada capacidad intelectual. El Cura de Ars confió en la Gran Esperanza, siguió luchando, y obtuvo de Dios la gracia de ser ordenado sacerdote (algo que no podía alcanzar con sus propias fuerzas), aunque sus capacidades intelectuales no crecieron en lo más mínimo, y hoy es el patrono de los sacerdotes.

Después de estas sencillas reflexiones tenemos que volver a nuestras ocupaciones ordinarias del día a día, al mismo ambiente que nos rodea, afrontando los mismos problemas de siempre. La vida parece una historia repetida y aburrida. Ofrece siempre lo mismo y nunca cambia. Nosotros podemos hacer más divertida nuestra vida, haciendo extraordinarias nuestras cosas ordinarias, con lucha y esperanza. Cuando nos cueste el estudio, hay que seguir luchando, confiando que en el día de mañana nos será útil en nuestra vida. Cuando nos cueste repetirle a nuestros hijos por décima vez lo mismo, hay que confiar que el hacerlo les ayudará a ser personas educadas en el futuro. Cuando nos parezca inútil continuar un proyecto emprendido y pensemos que ya no podemos, ahí debemos confiar en que Dios sacará de ello un fruto abundante, y seguir trabajando.

La vida es un combate, pero sólo quienes luchan y tienen esperanza la viven en plenitud.

Publicado por ALFRE306 el 24 de Febrero, 2017, 8:45 | Referencias (0)

Si hubiera vida en otros planetas, ¿cambiaría la fe católica?

Dios, en su libertad, podría haber creado otras criaturas inteligentes y ellas serían también parte de la creación


Por: n/a | Fuente: ACI Prensa



Este miércoles, 22 de febrero de 2017, la NASA anunció el descubrimiento de un sistema solar con planetas similares a la Tierra, y en la redes sociales surgió la interrogante sobre cómo el eventual hallazgo de vida extraterrestre podría cambiar el cristianismo y su visión del universo.

Según informó la NASA, el nuevo sistema solar está a 40 años luz de la Tierra y posee siete planetas con una masa similar al nuestro. Además, tres de estos se encuentran en una zona habitable y podrían albergar océanos de agua en la superficie, aumentando la posibilidad de que puedan acoger vida.

Ya en el año 2012 el entonces director del Observatorio Astronómico del Vaticano, el jesuita argentino José Gabriel Funes, afirmó que si bien hay grandes probabilidades de que exista vida fuera del planeta Tierra, esto no cambia la visión cristiana del universo. “No veo ninguna dificultad para la fe católica”, aseguró.

En declaraciones a ACI Prensa, el sacerdote señaló que de haber vida extraterrestre, “los católicos no tenemos necesidad de cambiar nuestra visión del universo”, pues “Dios, en su libertad, podría haber creado otras criaturas también inteligentes y poder ser parte de la creación”.

Según el P. Funes, estos seres "se podrían relacionar con Dios, así como lo hemos hecho nosotros" y su existencia no estaría lidiada con la existencia de Jesucristo.



El sacerdote explicó que todo se reduce a probabilidad. Considerando que el universo está hecho de cien mil millones de galaxias y "si dividimos las galaxias por la población mundial, a cada uno le tocarían 14 galaxias, cada una estas galaxias están hechas de unos cien mil millones de estrellas".

Es posible, entonces, "que cada una de estas estrellas tengan planetas que giran alrededor de otras estrellas, como lo hacen alrededor del Sol. Y por lo tanto, sería posible la existencia de vida en el universo".

"Es mucho lo que sabemos, porque podemos reconstruir la historia del universo desde los primeros instantes hasta la formación de la tierra, de los planetas, esto no está en contradicción con la fe. Lo que aprendemos del mensaje bíblico, y también con la reflexión teológica. Lo que sabemos por la fe, y también por la razón, no solo por la fe, es que Dios es el creador, un Padre bueno, que nos sostiene en el ser, en el existir", dijo.

Dentro de este marco, recordó que el universo "existe gracias a la voluntad de Dios, y como dice la Biblia, "cuando al terminar de crear vio Dios que era bueno...", también nos tiene que ayudar a nosotros viendo la bondad del universo, mirar también con ojos de bondad en la historia de la humanidad y también nuestra propia historia en la tierra".

"De todos modos, por ahora, no tenemos ningún resultado. No hay ninguna evidencia de que exista vida fuera de la Tierra. Este descubrimiento podría suceder mañana. Tal vez dentro de mil años, o tal vez jamás suceda", y "que alguna vez tengamos una evidencia de que haya vida, depende de la ciencia, si no, es inútil especular", señaló.

El P. Funes se licenció en Astronomía en el año 1985, posteriormente ingresó en la Compañía de Jesús, y después de su ordenación sacerdotal, se doctoró en astrofísica en la Universidad de Padua, Italia. Posteriormente, los superiores de su congregación lo destinaron como astrónomo al Observatorio Vaticano, y en el año 2006, el Papa Benedicto XVI, lo nombró director del organismo.

El P. Funes señaló entonces que el Observatorio "trata de hacer de puente, un puente entre la Iglesia Católica y los científicos, en particular los astrónomos. Es un desafío que entusiasma, que también permite llegar a más público, porque hay temas muy interesantes, el origen del universo, la posibilidad de vida extraterrestre".

En este sentido, explicó que la relación entre ciencia y fe ocupa un lugar muy importante para el Santo Padre, "se puede ver en sus homilías, en sus discursos...en particular, para el Observatorio Vaticano y para los otros observatorios también en el mundo, 2009 fue una época muy importante, porque fue el año internacional para la astronomía, durante ese año, el Papa (Benedicto XVI) se refirió varias veces a la astronomía en particular, y en ese año, el Papa inauguró las nuevas instalaciones del observatorio".

Se puede afirmar que el origen de Observatorio Vaticano, como se le conoce hoy, se puede fijar al año 1891, cuando el Papa León XIII quiso demostrar que la Iglesia no se opone al desarrollo científico y que, por el contrario, promueve la ciencia de gran calidad.

Hoy en día, el Observatorio Astronómico del Vaticano se divide en dos grupos, uno con una sede histórica en los jardines pontificios de Castel Gandolfo, y otro en Monte Graham, Tucson, Arizona (Estados Unidos), donde los investigadores, principalmente sacerdotes jesuitas, tienen su telescopio más importante. Es uno de los centros astronómicos más importantes del mundo.

Artículo publicado originalmente en ACI Prensa

Publicado por ALFRE306 el 23 de Febrero, 2017, 8:22 | Referencias (0)

El buen uso de mi tiempo

Es urgente descubrir que sólo vale la pena el tiempo cuando se vive desde el amor y hacia el amor.


Por: Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores



No es fácil determinar si vivimos con más tiempo o con menos tiempo que en épocas pasadas.

Es cierto que la velocidad de la rotación de nuestro planeta se ha conservado casi inalterada (o con variaciones insignificantes) durante milenios. El hombre de hace 25 siglos podía contar, igual que nosotros, con 24 horas cada día.

Pero aquel hombre, ¿tenía más tiempo o menos tiempo que nosotros? La abundancia o la carencia de tiempo depende de diversos factores, que han cambiado mucho durante siglos.

El primer factor consiste en la satisfacción de las necesidades básicas. Si uno tiene que matarse, literalmente, durante horas para conseguir un poco de comida y el dinero necesario para lo indispensable (o para pagar deudas asfixiantes), sentirá que le falta tiempo para muchas otras cosas. Si otro, en cambio, sabe que ni hoy ni mañana ni en el futuro inmediato carecerá de lo básico, tendrá a su disposición más tiempo para otras actividades.

El segundo factor surge desde la cantidad de deseos que hay en cada corazón. Quien busca lo mínimo en la vida, quien no desea progresar, quien prefiere “alargar la noche” durante horas y horas en la cama, quien se queda absorbido ante las imágenes de una pantalla (o ante los espectáculos del antiguo teatro griego), tendrá, seguramente, pocos deseos y su única preocupación consistirá en cómo “matar” el tiempo que siente a veces lento o monótono.

En cambio, quien quiere ver a sus familiares más o menos lejanos, quien busca continuas mejoras en la casa, quien estudia una y otra vez para ascender en el puesto de trabajo, quien desea con ansiedad leer más y más informaciones, notará cómo el día se le escapa de las manos, cómo las horas no bastan para satisfacer todos sus deseos.

El tercer factor nace del ambiente en el que vivimos, de las personas que nos rodean, de las leyes que facilitan o hacen difícil la vida diaria. Si a nuestro alrededor hay personas que nos piden continuamente ayuda, que nos exigen respuestas más o menos rápidas, que nos aturden con llamadas (o, en el pasado, con visitas), las horas del día serán insuficientes para atender adecuadamente cada asunto. En cambio, hay personas que viven en un aislamiento más o menos práctico, sin problemas con la burocracia y sin molestias de familiares o amigos inoportunos: para ellas el tiempo puede llegar a pasar lentamente, en días y días sin interrupciones que impidan realizar los propios planes.

Se podrían añadir más factores. Lo importante es individuar, en la propia vida, cuál es la situación en la que me encuentro, qué exigencias merecen mis mejores esfuerzos, qué deseos valen la pena. Al mismo tiempo, no hay que tener miedo a reconocer que muchas ansiedades y actos concretos me llevan a invertir el tiempo que tengo a disposición en cosas insignificantes o incluso nocivas, porque me apartan de obligaciones serias y porque me encierran en un mundo pequeño y reducido que me deja poco tiempo para lo que sí es importante.

Cada día inicia con su ritmo terrestre y con los mil cruces de caminos entre mis necesidades, mis deseos, y los encuentros con quienes viven a mi lado. Es importante poner orden en mis prioridades, para que lo importante recibe lo mejor de mi tiempo, y para que lo secundario sea siempre eso: secundario.

Si vamos más a fondo, a la luz de verdades perennes y del horizonte de lo eterno, podremos reconocer que lo mejor de mi tiempo merece ser invertido en aquello que me prepara al encuentro con Dios (para siempre) en el cielo, y en el amor sincero y constante hacia los familiares, los amigos, los conocidos y los necesitados.

En otras palabras, es urgente descubrir que sólo vale la pena el tiempo cuando se vive desde el amor y hacia el amor. Empezamos a existir, en un día concreto del tiempo terreno, desde el amor que Dios nos tenía y que reflejaron nuestros padres. Seguimos en la vida porque nos aman y porque amamos.

Por eso, lo mejor que podemos hacer, al descubrir que somos amados, es amar. Entonces llegaremos a un buen empleo de nuestro tiempo (abundante o escaso) y empezaremos a descubrir lo hermosa que es la vida si se “gasta” a la luz de la clave maravillosa del amor sin medida, que nos lleva suavemente desde el tiempo hacia lo eterno.

 

 

Publicado por ALFRE306 el 22 de Febrero, 2017, 8:52 | Referencias (0)

Religión y Superstición

Ton sólo Dios tiene poder, ni las cosas o personas creados por Él tienen tal don.


Por: Ricardo Sada Ferrnández | Fuente: Encuentra.com



Dios es para el hombre el único Señor. Lo ha creado y lo cuida constantemente con su Providencia amorosa. La existencia de la criatura y todo cuanto son o posee, lo ha recibido de Él. Por consecuencia, el hombre mantiene con Dios unos lazos y obligaciones en cuanto Creador y Ser Supremo: es el culto que debe rendírsele y que se vive con la virtud de la religión.

Horóscopos, amuletos, lectura de cartas… ¿se puede confiar en la adivinación sin que afecte a nuestra vida espiritual?

Alabar y adorar a Dios es lo que se conoce como culto. Esa necesidad ha sido sentida desde los hombres más primitivos hasta los de más elevada inteligencia, que se rinden sumisos al descubrir a Dios en su ciencia. En cualquier caso, el culto dado a Dios se realiza de un modo adecuado a la naturaleza del hombre, a un tiempo material y espiritual. Ya en el siglo XVII la Iglesia consideró como herética la proposición de Miguel de Molinos, a quien parecía imperfecto e indigno de Dios todo rito sensible, queriendo reducirlo a lo interno y espiritual. En las facultades del entendimiento y la voluntad es donde, ciertamente, se debe fundamentar el culto, pero no basta: se precisan también actos externos de adoración: arrodillarse ante el Sagrario, participar activamente en la Santa Misa, asistir con piedad a las ceremonias litúrgicas….. Pues el hombre no es sólo espíritu, y Dios es también creador del cuerpo.

En la práctica el culto se concreta en tener prontitud y generosidad ante todo lo referente a Dios. Y llega hasta el detalle de mostrar la reverencia debida a los objetos religiosos que usemos corrientemente: colocar el crucifijo en el sitio de honor de la habitación, guardar el agua bendita en un recipiente limpio, tratar con reverencia el libro de los Evangelios y el rosario, permanecer atento y con una postura digna dentro del Templo, especialmente en las bodas y otras ceremonias, donde es fácil que el gusto de saludar a los viejos amigos nos lleve a convertir el recinto sagrado en la antesala del salón de fiestas. Todos estos detalles de reverencia son parte del primer mandamiento, pues con ellos manifestamos nuestra fe de modo exterior.

¿No pasas nunca debajo de una escalera? ¿Llevas un amuleto colgado del cuello? ¿Evitas que haya trece comensales en la mesa? ¿Intentas tocar la madera cuando ocurre algo que "da" mala suerte? ¿Te sientes influido en tu estado de ánimo porque el horóscopo que leíste hoy no te era favorable? Si puedes responder "no" a estas preguntas, ni te inquietan otras tantas supersticiones populares, entonces puedes estar seguro de ser una persona bien equilibrada, con la fe y la razón en firme control de tus sugestiones.



En nuestra sociedad "tecnificada", la falta de fe lleva a que cada vez haya más supersticiosos. La superstición es un pecado contra el primer mandamiento porque atribuye a personas o cosas creadas unos poderes que sólo pertenecen a Dios. La omnipotencia que sólo a Él pertenece se atribuye falsamente a una de sus criaturas. Todo lo que ocurre nos viene de Dios; no del colmillo de un tiburón o las consejas de un curandero. Nada malo sucede si Dios no lo permite, y todo lo que ocurre en nuestra vida o en la ajena es para bien, para que aquello de algún modo contribuya a nuestra santificación o a la del prójimo.

Del mismo modo, solamente Dios conoce de modo absoluto los acontecimientos futuros, sin "quizás" ni probabilidades. Todos somos capaces de predecir hechos que seguirán a determinadas causas. Sabemos a qué hora llegaremos mañana a la oficina (si nos levantamos a tiempo); sabemos qué haremos el fin de semana próxima (siempre y cuando no haya imprevistos); los astrónomos pueden predecir la hora exacta en que saldrá y se pondrá el sol el 15 de febrero del año 2019 (si el mundo no acaba antes). Pero no sabemos qué día moriremos ni quién será el presidente de la república dentro de veinte años. Dios conoce todo, tanto los eventos posibles como el feliz desarrollo de acontecimientos necesarios.

De ahí que creer en adivinos o espiritistas sea un pecado contra la fe que Dios ha querido que tengamos en Él y en su providencia. El supersticioso es un crédulo que funda su fe en motivos al margen del plan de Dios. Los adivinos son hábiles charlatanes que combinan la ley de las probabilidades con el manejo de la psicología y la autosugestión del cliente, y llegan a convencer incluso a personas inteligentes y cultas.

En sí misma, la superstición es pecado mortal. Sin embargo, muchos de estos pecados son veniales por carecer de plena deliberación, especialmente en los casos de arraigadas supersticiones populares: números de mala suerte y días afortunados, tocar madera y cosas por el estilo. Pero si se hace con plena deliberación y deseo, acudir a esos adivinos, curanderos o espiritistas, el pecado es mortal. Aun cuando no se crea en ellos, es pecado consultarlos profesionalmente. Incluso si lo que nos mueve es sólo la curiosidad, es ilícito, porque damos mal ejemplo y cooperamos al pecado ajeno. Decir la buenaventura echando las cartas o leer la palma de la mano en una fiesta, cuando todo el mundo sabe que es juego para divertirse que nadie toma en serio, no es pecado. Pero una cosa bien distinta es consultar en serio a adivinos profesionales.

Sobre este tema, la aparición de acontecimientos por encima de lo ordinario no puede ser debida sino al demonio. De ahí que la gravedad de la superstición se mide por la mayor o menor intervención del temible enemigo del hombre. Cuando hay invocación explícita del demonio, el pecado es gravísimo. Si es implícita -por ejemplo, el que inconscientemente lo relaciona con fuerzas ocultas- el pecado también es mortal.

De algún modo puede haber invocación implícita al demonio en las películas, obras teatrales, etcétera, que imprudentemente hacen aparecer intervenciones satánicas, para infundir terror, manifestar prodigios… a nuestro "hombre adulto" cada vez más deseoso de descargas de adrenalina. Hay invocación explícita -confirmada y aceptada por los mismos autores- en la letra de las canciones de ciertos grupos musicales modernos. En ambos casos -visuales o auditivos- existe la obligación grave de no formar parte como espectador o como escucha.

 

Publicado por ALFRE306 el 21 de Febrero, 2017, 14:45 | Referencias (0)

La baja autoestima es un tema de fe, no sólo un tema existencial.

Tener una autoestima de acero sólo se da cuando ponemos nuestras manos en las manos de Dios y cuando Él transforma nuestra existencia.

En nuestra vida siempre tenemos tentaciones sobre nuestro propio valor.


Por: Padre Álvaro Lozano | Fuente: yoinfluyo.com



En un momento de la vida me pusieron como director de coro, y en este coro habían grandes voces que se hacían notar; sin embargo, habían otros jóvenes que eran bastante tímidos, callados, poco participativos; claro que se asomaban al coro cuando lo hacían en conjunto, pero no eran de los que hubieran querido tener una parte de solista.

En alguna ocasión, con esa duda de qué había detrás de ello, tuve que hacer un ejercicio bastante peculiar, digamos que casi los puse acorralados en la esquina con el resto del coro detrás, hasta que logramos sacar de su voz aquello que tanto escondían, y era la voz que inmediatamente desplazó a muchos de los otros que podrían estar en media fila, porque había un talento muy especial ahí escondido. En el momento que lograron sacarlo, se transformó en algo que a todo mundo alegró.

 

En nuestra vida siempre tenemos tentaciones sobre nuestro propio valor. Hace no mucho, el Papa decía: También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús, porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Ésta es una gran tentación que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros mismos nos amamos, que cree en nosotros más que lo que nosotros mismos creemos, que siempre está de nuestra parte como el más acérrimo de todos los amigos.

El Papa, dirigiéndose a los jóvenes, hablaba de la autoestima de una manera muy diferente, porque incluso aquel que se sentía valioso por cómo cantaba, su autoestima puede quedar muy corta. Lo único que da la plenitud del valor de una persona es justamente que somos hijos de Dios, de sabernos hijos de Dios. No hay nada que nos lo quite de encima, porque Él es mi Padre, porque Él me ama, porque Él dio su vida por mi y porque no hay nada que me detenga en el camino, y eso me hace seguro de que el Cielo es mi patria y que en este lugar tengo que ir sembrando esas hermosas semillas del Cielo, esas semillas de paz, de justicia, de gozo, que hace que todas las cosas cambien.

 

Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento Dios, cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es recordado, nos recordaba también el Papa. Y cuando uno es consciente de ese ser único y de que es Él el que te ama, no hay nada diferente que hacer en la vida más que gozarla y saberse de los seres más amados de todo el universo.

Porque así es y de facto lo es. Y por eso la baja autoestima no sólo es un tema existencial, sino es un tema de fe, es un tema de creer que alguien te está atormentando, pero no es así. Es en el fondo tambien la oportunidad de creer que alguien que te está amando y que ése que te está amando es Dios, tu Señor que lo puede todo, que lo hace todo y que lo da todo.

 

Decía en una ocasión el Cardenal Martini, dialogando justo con los jóvenes: ¿Quién llega tan lejos en esa lucha que como Jesús asume desventajas, injurias y sufrimientos? El mundo clama por jóvenes audaces, la audacia de la autoestima. Tener una autoestima de acero sólo se da cuando ponemos nuestras manos en las manos de Dios y cuando Él transforma nuestra existencia porque sabemos que Él es nuestro Dios, porque sabemos que Él nos ama, que Él nos lo dará todo.

Sigamos disfrutando de esta vida en la que uno enloquece porque sabe que tiene un Dios que es amor, que lo ama, que le da toda su vida y que es el único que hace transformar todas las realidades. Dios es amor, Dios nos tiene cercanos y Dios dará siempre a cada uno de nosotros lo que tanto necesitamos.

Sigan disfrutando de sus días. Soy el padre Álvaro Lozano en este pequeño “Rincón del loco”. Dios los bendiga.


Publicado por ALFRE306 el 18 de Febrero, 2017, 8:34 | Referencias (0)

El demonio ataca a la Famiia

El exorcista César Truqui advierte de un demonio especializado en el ataque a la familia

El demonio ataca de muchas formas y lo hace en todo momento porque sabe que una familia unida es un aliado de primera frente a sus asechanzas


Por: Fernando de Navascués | Fuente: www.somosrc.mx



Si un marido o una esposa piensan que su cónyuge deja de gustarle o de ‘quererle’, y que siempre queda la opción del divorcio para empezar de nuevo, es que algo no va bien. Y eso viene del demonio. No es por ver al diablo en todas partes, pero sí está claro que supone un egoísmo profundo, pues revela que sus hijos le importan poco, por no decir lo poco que les importa el compromiso matrimonial que un día se dieron, aquel que Dios y la Iglesia bendijeron ante el Altar.

No vamos a juzgar a nadie, pero lo que sí sabemos es lo que explicó hace un año el P. César Truqui en un curso sobre exorcismo celebrado en Roma: “Hay un demonio que se especializa en el ataque a la familia”. Este padre, poco después, en el semanario italiano Tempi, ahondó aún más y explicó que este demonio es citado “en el libro de la Biblia de Tobías y se llama Asmodeo".

"El demonio
ataca de
muchas formas..."

El Antiguo Testamento nos habla de la presencia de este demonio. En el libro de Tobías, Asmodeo mató a siete maridos de Sara y fue encadenado en el desierto por el Arcángel Rafael. Y de hecho el padre Truqui, a tenor de su experiencia, confirma que ese demonio "está presente en muchos exorcismos”. Una experiencia curtida a la sombra de exorcistas como el P. Francisco Bamonte o el reconocido mundial y recién fallecido, P. Gabriele Amorth. Este último fue el exorcista de Roma y se estima que realizó cerca de 70.000 exorcismos en el transcurso de su vida.

El demonio ataca de muchas formas y lo hace en todo momento porque sabe que una familia unida es un aliado de primera frente a sus asechanzas. El P. Truqui recuerda una pareja de novios a la que conoció: “Era una pareja joven, muy unida, que quería casarse. Sin embargo, la mujer tuvo que someterse a un exorcismo para ser liberada". Durante el exorcismo, "el demonio se enfureció y amenazó al P. Amorth, pues quería impedir ese matrimonio, de lo contrario, mataría a la joven. Obviamente era la amenaza del mentiroso, porque, de hecho, no ocurrió".



En los ataques del demonio no todo es la espectacularidad de las posesiones o de las infestaciones. También el demonio sugiere e incita contra la familia por medio de ideologías o de los estilos de vida. Un ejemplo claro es la confusión que genera, por ejemplo, sobre la sexualidad: ¿el sexo es una cuestión únicamente administrativa? ¿El sexo es algo que se escoge? El Papa Francisco es el primero en advertir sobre los peligros que genera la ideología de género. Pero hay temas menos clamorosos y menos sutiles: el pensamiento individualista o esa mente divorcista.

“Las mujeres piensan: ‘Si mi marido deja de gustarme, yo me sentiría mejor divorciándome’, pero se olvidan de las consecuencias para los niños y la sociedad", denuncia el P. Truqui. "Esta mentalidad antifamilia agrada al diablo: él sabe que un hombre que está solo y sin ningún punto de referencia es manipulable e inestable".

Para aquellos que están en duda, el P. Truqui se ofrece como ejemplo: "Incluso hoy en día, y yo tengo más de 50 años, sólo de pensar en el amor entre mi madre y mi padre, ya encuentro consuelo y valor. Por el contrario, los hijos de padres separados son más frágiles y vacilantes".

El Papa Francisco, un faro para muchos. Si hay algo claro en este Papa, es la conciencia que tiene de la existencia del diablo, y que éste hace lo imposible por llevarse las almas. En 2014, el Santo Padre dio un discurso sobre la Renovación Carismática en el que señaló que el diablo trata de destruir a las familias porque es allí donde Jesús crece: en medio del amor de los cónyuges y en las vidas de sus hijos. No es casualidad que este mensaje lo diera a la Renovación Carismática. Aquí, todos lo saben, el Espíritu Santo tiene un protagonismo especial. Y los exorcistas confían siempre su trabajo a comunidades dedicadas a la oración y la alabanza como las carismáticas.

Bien sabía el Papa a quién hablaba: "Jesús crece en el amor de los cónyuges; Jesús crece en las vidas de los niños. Y es por eso que el enemigo ataca a la familia tanto tiempo. El diablo no ama a la familia. Se trata de destruirla destruyendo el amor que hay allí", advirtió en el estadio Olímpico de Roma ante 52.000 personas.

En ese día, el Papa Francisco recordó que "las familias son iglesias domésticas. Los cónyuges son pecadores, como todos, pero quieren progresar en la fe, en su fecundidad, en los niños y en la fe de sus hijos".

Por lo que pidió al Señor "que bendiga a la familia, que sea fuerte en esta crisis en la que el diablo quiere destruirla".

Publicado por ALFRE306 el 17 de Febrero, 2017, 8:48 | Referencias (0)

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