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Octubre del 2010


El poder del pensamiento en positivo

¿El vaso medio lleno o medio vacío?

  
La mente es demasiado poderosa como para minimizar el efecto de nuestras ideas e intenciones sobre la realidad. De cómo y por qué aquello que pensamos determina en gran parte lo que nos sucede

En línea paralela con los escépticos, los trágicos, los eternos derrotados y aun los nihilistas –aunque sin malgastar energías en el enfrentamiento–, hay mucha gente en el mundo convencida de que todos podemos pensar en positivo y que esto nos conducirá, inevitablemente, a una mejor calidad de vida.

"El optimismo es aprendido –asegura Andrés López Pell, psicólogo, director de la Fundación para la Salud y la Educación (Funsaled) y autor de investigaciones sobre el tema–. Por lo tanto, se mejora a través de distintos recursos, entre ellos, la psicoterapia. Se puede traer un bagaje genético que marque una tendencia o la influencia de aspectos de crianza, pero todo es modificable. El optimismo no es ingenuidad ni fantasía: es un conjunto de expectativas respecto del futuro que nos permite interpretar verazmente la realidad. Si la canoa se está hundiendo, se está hundiendo. El punto es no llorar, sino intentar nadar (o aplicar otro recurso, que siempre existen) para ponerse a salvo."

Hugo Hirsch, director del Centro Privado de Psicoterapias (CPP), dice que ver el vaso medio lleno o medio vacío no es otra cosa que un hábito, y que un hábito es algo que podemos cambiar. "Se puede aprender a ver lo positivo de cada situación –dice Hirsch, un psicoterapeuta de larga trayectoria–. Hay personas que lo logran más fácilmente que otras; existen aquellos que lo hacen naturalmente, pero todos podemos entrenarlo por medio de distintos métodos, por ejemplo, la autoconciencia y el autoconocimiento, aprendiendo a identificar pensamientos negativos y cuestionándolos. Si tenemos en claro la propensión hacia el pensamiento negativo, somos conscientes de la dificultad para ver lo positivo. Es un buen inicio."

La búsqueda del bienestar (o de la felicidad) es una meta que parece haber nacido con el ser humano. Tema filosófico por excelencia –desde los griegos, primer escalón reflexivo de la cultura occidental, distintas escuelas y corrientes sumaron aportes sobre el tema–, su status científico fue sin embargo bastante relegado: hasta podría decirse que ciertas disciplinas arrojaron la propensión humana al bienestar o la felicidad a la estantería de los temas menores.

Beatriz Vera Poseck, licenciada en psicología por la Universidad Complutense de Madrid, escribe que durante muchos años la psicología se centró exclusivamente en el estudio de la patología y las debilidades del ser humano, y que esta perspectiva la convirtió en algo así como una "ciencia de la victimología", como si el estudio de la "parte positiva" de la existencia humana no tuviera (casi) sentido.

Sin embargo, cuando, en 1998, asumió como presidente de la Asociación Americana de Psicología, el psicólogo estadounidense Martin E. P. Seligman, nacido el 12 de agosto de 1942 en Albany, dio un contundente giro al estado de las cosas. Nacía así la psicología positiva.
Un golpe de timón

"Después de 25 años de estudiar la depresión, Seligman dijo basta –explica Hugo Hirsch–. Entonces comenzó a preguntarse por qué había muchos que, en lugar de deprimirse, eran o intentaban ser felices. Advirtió que desde fines de la Segunda Guerra Mundial, o quizás antes, todas las disciplinas vinculadas con la salud mental se habían ocupado únicamente de lo que andaba mal, de recuperar lo roto, por decirlo de alguna manera, pero poco y nada se había investigado para trabajar con lo bueno."

Hirsch plantea que la psicología positiva se orienta al hallazgo empírico de aquellos elementos que contribuyen al bienestar, la felicidad, la realización personal. "Por ejemplo –enumera–, las características familiares que tienen aquellos hogares con niños más sanos, o cómo incide el sentimiento de esperanza en el proceso de curación de las enfermedades. No es una escuela, no hay un único modelo, lo que sí existe es una búsqueda de investigaciones científicas que demuestren cómo es posible que alguien desarrolle una virtud. Se parte de un supuesto: que podemos ser felices, y se busca identificar factores que conduzcan a eso y producir material científico con evidencia empírica que permita que cualquiera los utilice. Por ejemplo, está demostrado científicamente que la actividad física regular mejora el estado de ánimo. Es bien práctico; la información les sirve tanto al profesional de la salud como al lego. Es una reacción al énfasis de más de 50 años de búsqueda de solución de la patología: más que identificar debilidades se busca señalar fortalezas y trabajar sobre ellas. Y es más probable que se consigan resultados trabajando sobre fortalezas que sobre debilidades."

Todo ser humano (sí, cada una de las personas que habitan este planeta) tiene un conjunto de fortalezas personales según Seligman: curiosidad, amor por el conocimiento, pensamiento crítico, ingenio, perspectiva, valentía, perseverancia, honestidad, vitalidad, amor (capacidad de amar y ser amado), generosidad, distintos tipos de inteligencia, sentido de la justicia, capacidad de liderazgo, don de perdonar, modestia, prudencia, autocontrol, aptitud para apreciar la belleza, disposición para agradecer, optimismo, sentido del humor, espiritualidad.

Y en tanto los tratamientos psicológicos habitualmente se focalizan directamente sobre los problemas que aquejan a la persona, Seligman postula que la psicoterapia positiva es una "estrategia de amortiguación", en la que el diálogo con el terapeuta se centra en incrementar las emociones positivas, las fortalezas, en lugar de las carencias. Accediendo a la página web del instituto que dirige, es posible conocer este conjunto de cualidades, además de (previa registración, totalmente gratuita) tomarse autotest y trabajar sobre ellas ( http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/questionnaires.aspx" ).

"Pero la psicología positiva se vincula también con el concepto de resiliencia –agrega Hugo Hirsch–, que ha sido tomado de la física, y es la capacidad de los materiales de regresar a su estado inicial aunque hayan sido completamente alterados. Pero si lo utilizamos en psicología o en cualquier otra ciencia humana, resiliencia quiere decir más que eso, y es, por ejemplo, la capacidad que muestran las personas, por caso muchos niños, para atravesar circunstancias por demás difíciles o trágicas y salir fortalecidos de eso. Todos estos años aprendimos mucho sobre factores de riesgo. Sin embargo, olvidamos que un factor de riesgo no es necesariamente una condena."

Pensar, un arma poderosa

¿De qué se nutre un pensamiento? Según Andrés López Pell, "lo que se cree de las cosas es muchas veces una idea infundada que se adquirió a lo largo de la vida sin saber bien ni cuándo ni cómo, y que probablemente nunca haya sido sometida a un análisis racional. Seligman afirma que a menudo muchas de las creencias son prejuicios y, por lo tanto, sumamente inútiles. La indicación es tomar distancia de las explicaciones pesimistas, al menos hasta verificar su certeza".

El método propuesto por el creador de la psicología positiva consiste en un diálogo interno con uno mismo que permite discutir (sin intermediarios) acerca de la evidencia, las alternativas, las implicaciones y la utilidad de la creencia pesimista que la persona presenta y que habitualmente es un obstáculo para su propio bienestar. "Uno tiene que actuar como un detective, buscando evidencias de esa creencia", ironiza López Pell. "Aunque se obtengan pruebas que apoyen esa creencia –agrega el psicólogo–, generalmente la realidad estará a favor de rebatirla porque las ideas pesimistas tienen un punto débil: suelen exagerar algún aspecto de la realidad y los hechos pueden poner de manifiesto esas distorsiones, generalmente asociadas a explicaciones catastróficas. Los acontecimientos son siempre multideterminados, y las personas pesimistas suelen aferrarse a las explicaciones más negativas; por eso, la tarea consiste en desechar esa costumbre destructiva y habituarse a generar pensamientos más realistas y lógicos."

Hirsch explica que lo típico del pensamiento pesimista, según Seligman, es considerar: "Lo que me pasa de malo es lo único que me pasa, abarca toda mi vida, va a durar para siempre y yo soy responsable o culpable de eso".

¿Y cómo garantizar que la influencia de los aspectos inconscientes no atenten contra la intención de modificar nuestros patrones negativos de pensamiento? "Durante mucho tiempo –explica Hugo Hirsch– se puso tanto énfasis en lo inconsciente que les hemos restado demasiada importancia a los aspectos conscientes, que son los voluntarios. Pensar en términos positivos nos dispone a que algo salga razonablemente bien. Podemos ampliar nuestro margen de conciencia perfectamente. La felicidad depende más de desarrollar ese margen y, con esa conciencia, hacer algo. Porque de poco o nada sirve entender y entenderse sin autogestión: el autoconocimiento sin autogestión no sirve para nada. Tengo que conocer mis recursos, pero también saber cómo administrarlos."
Más sanos, más longevos

Diversos estudios científicos demuestran que de la mano del pensamiento positivo se suma mejor salud física y emocional. Andrés López Pell explica que una investigación realizada entre pacientes de la institución que dirige junto a Alexis Kasansew reveló que aquellos que habían incrementado su nivel de optimismo sufrían menos somatizaciones: malestar estomacal, taquicardia, náuseas, sensación de ahogo: "Toda la sintomatología que corresponde al estilo somático –dice López Pell–. Estas personas suelen ser más pesimistas, tienen peores expectativas sobre el futuro; responden al tipo de gente que cuando se divorcia, por ejemplo, cree que estará solo para siempre y, de ese modo, genera un círculo vicioso, una autoprofecía que posiblemente se cumplirá".

Pensar en positivo también nos hace más longevos. Un estudio de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, encabezado por la doctora Becca Levy y realizado durante varias décadas sobre más de 600 personas mayores de 50 años, demostró que aquellos con una disposición más positiva hacia el envejecimiento vivían más tiempo (hasta un promedio de 7,5 años) y libres de enfermedades típicamente asociadas a la vejez.

En este sentido, la doctora Martina Casullo, directora del Departamento de Psicología de la Universidad de Palermo, profesora emérita de la UBA e investigadora principal del Conicet, dice que a menudo hacemos una asociación inmediata entre la vejez y el deterioro, "cuando también puede ser sinónimo de sabiduría; ¿por qué no mirarla también de esta manera?".

Casullo coordinó durante los dos últimos años el 1º y el 2º Encuentro Iberoamericano de Psicología Positiva en nuestra ciudad, organizado por la Universidad de Palermo, y que contó con la asistencia de más de un centenar de especialistas de todo el continente. "Seligman envió a un delegado, James Pawelski, que es hispanohablante, para que asistiera a la reunión de este año–comenta la psicóloga, sin disimular su entusiasmo– y el año pasado él mismo prologó la edición especial de la revista Psicodebate, que edita la Universidad, dedicada completamente a artículos sobre psicología positiva." (Psicodebate 7, revista de Psicología, Cultura y Sociedad de la Universidad de Palermo, Buenos Aires, 2006).

La especialidad del planteo no radica en lo "novedoso" de las ideas: el propio Martin Seligman dice que la psicología positiva no descubre nada nuevo en realidad, nada muy diferente de lo que el sentido común nos puede enseñar.

Temas olvidados

Martina Casullo plantea que en este inicio del siglo hay dos ejes que dominan el ambiente de la reflexión sobre la condición humana. "Uno es el respeto al aporte de las neurociencias –dice la psicóloga– y otro, el enfoque sociocultural. Hoy está demostrado que el medio ambiente no es sólo estresor y negativo, sino que también puede influir positivamente en el individuo. La psicología positiva de hace eco de este espíritu de época y recupera temas que han sido olvidados a pesar de que tienen una importancia central en el

bienestar de las personas: entre éstos, los valores, que constituyen en buena parte el capital psíquico del sujeto y que lo ayudan a buscar el bienestar a partir de sus posibilidades, de sus propios recursos. Si se trabaja desde allí, es posible que las expectativas sean más reales para cada uno de nosotros y enfrentemos menos frustraciones."

Casullo dice que un tema al que la psicología positiva da especial énfasis es la capacidad de perdonar. "Y no hablamos del perdón como sinónimo de reconciliación, o de anular la demanda ante una ofensa o un delito. Es, en realidad, un trabajo de autoperdón para lograr que la propia persona no se sienta culpable. El desarrollo de la capacidad de perdonar debería integrar programas de promoción y prevención de la salud, porque son muchas las personas que podrían beneficiarse si tuvieran la posiblidad de hablar y reflexionar sobre el tema."

La psicología positiva también enfoca su mirada hacia la influencia que tienen aspectos tales como la religiosidad, la vida cultural, la gratitud, el sentido del humor y la autoestima, o las estrategias puestas en marcha frente a los duelos, en la calidad de vida de los colectivos sociales, y ocupa buena parte de las investigaciones el estudio de cómo poblaciones de alto riesgo logran enfrentar (y superar) las negativas condiciones de vida que les tocan, es decir, la resiliencia.

Martina Casullo comenta que el enfoque de la psicología positiva tiene especial aceptación entre sectores medios y bajos, "por la necesidad concreta de sobrevivir en ambientes más adversos –reflexiona–. Por ahora, para sectores más ligados a lo intelectual no se trata de un pensamiento de primera línea… Se lo ve facilista o simplista, se lo asocia a la new age sin tener en cuenta que se gestó y se está desarrollando en ámbitos académicos y científicos, y tampoco se tiene en cuenta lo más importante: que contempla temas esenciales de la vida, que recupera lo mejor de la psicología humanística y existencial y de la psicología social".

El secreto radica, todo parece, en desarrollar recursos que apunten a la prevención y que permitan que cada persona enfrente mejor y más dotada con sus recursos, reconociéndolos, su propio proyecto de vida.

"El balance de lo que se hizo durante el siglo XX es negativo –dice Martina Casullo, ensayando una sonrisa que oscila entre el realismo más cruel y la tímida esperanza–. No hacen falta ni más resentimientos y ni más broncas. Tenemos que tener un propósito, y este enfoque puede ayudarnos a ir tras él."

Por Gabriela Navarra

Fuente: www.lanacion.com

Publicado por ALFRE306 el 30 de Octubre, 2010, 13:28 | Referencias (0)

La Psicología Positiva hará del mundo un lugar más feliz

La Psicología Positiva es una rama de la psicología de reciente aparición que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades de las emociones positivas , al servicio del ser humano

  
'Es hora de llegada para una psicología positiva, nuestro mensaje es para recordarle a nuestro campo que la psicología no es sólo el estudio de la patología, debilidad y daños, es también el estudio de la fuerza y la virtud. El tratamiento no es sólo arreglar lo que está roto, es alimentar lo que es mejor '.Martin Seligman E. P. y M. Csikszentmihalyi, 2000

BIO: Dr. Martin Seligman

Martin EP Seligman, Ph.D., trabaja en la psicología positiva, la indefensión , la depresión, y el optimismo y pesimismo. En la actualidad es Profesor de Psicología y Director del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania. Es muy conocido en los círculos académicos y clínicos, y es un autor de varios best-seller.

Su bibliografía incluye una veintena de Libros y 200 artículos sobre la Personalidad y Motivación. Entre sus obras más conocidas están , Lo que puede cambiar y lo que no puede (Knopf, 1993), El niño optimista (Houghton Mifflin, 1995), Impotencia (Freeman, 1975, 1993) y Psicología anormal (Norton, 1982, 1988, 1995, con David Rosenhan.

Su Libro más reciente: Felicidad Auténtica (Free Press, 2002). Ha recibido dos premios por la contribución distinguida a la ciencia de la Asociación Americana de Psicología , el premio Laurel de la Asociación Americana de Psicología Aplicada y Prevención, y el Lifetime Achievement Award de la Sociedad para la Investigación en Psicopatología.

Tiene un doctorado Honoris Causa de Uppsala, Suecia y Doctor en Letras Humanas de la Escuela de Psicología Profesional de Massachusetts. El Dr. Seligman recibió de la American Psicológica Society, el premio William James por su 'contribución a la ciencia básica y el Premio James McKeen Cattell .

Su Investigación Sobre La Prevención de la Depresión recibió El Premio al Mérito del Instituto Nacional de Salud Mental en 1991. Él es el director de red de la Red de Psicología Positiva y Director Científico de la Clasificación de las fortalezas y virtudes del proyecto de la Fundación Mayerson.

Durante 14 años, fue Director del Programa de capacitación clínica del Departamento de Psicología de la Universidad de Pennsylvania. Su Trabajo ha Aparecido en la portada del New York Times, Time, Newsweek, Noticias EE.UU. y World Report, Recopilación, Redbook, El lector de Los Padres, Fortune, Family Circle, Hoy en Día y muchas otras revistas

Ha sido portavoz de la ciencia y la práctica de la psicología positiva en televisión y en numerosos programas de radio. Ha escrito columnas sobre temas tan variados como la educación, la violencia, la felicidad, y la terapia. Ha dado conferencias en todo el mundo a los educadores, la industria, los padres y profesionales de salud mental. En 1996 el Dr. Seligman fue elegido Presidente de la Asociación Americana de Psicología, por el mayor número de votos en la historia moderna.

Su principal objetivo de como presidente de la APA fué un unir el estilo de la Ciencia y Práctica de conjunto , para que ambas puedan florecer . Una meta Que ha dominado su propia vida de como Psicólogo de la ONU, donde sus iniciativas más importantes se refieren a la Prevención de las Guerras etno-Políticas y el estudio de la Psicología Positiva.

Desde el año 2000 su principal misión ha sido la promoción de la Psicología Positiva. Esta disciplina incluye el estudio de las emociones positivas, los rasgos positivos del carácter. El Dr. Seligman centra ahora su atención a la formación de psicólogos positivos, las personas cuya práctica hará del mundo un lugar más feliz .

Gentileza, Omar Romano para www.vidapositiva.com


Publicado por ALFRE306 el 24 de Octubre, 2010, 9:27 | Referencias (0)

La inteligencia del corazón

El amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina en la profunda unidad con todo lo que existe

  
Leyendo el libro de Annie Marquier, “El Maestro del Corazón”, encontré datos muy interesantes que quiero compartir con ustedes porque nos sirven para reflexionar profundamente en la esencia de nuestro ser y, quien sabe, encontrar una gran clave. Resulta que ahora los científicos nos dicen que el corazón es inteligente, que tiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado, que a pesar de que la materia del corazón es diferente de la del cerebro se descubrieron en él más de cuarenta mil neuronas, y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Y con todo esto parece que puede aprender, recordar e incluso percibir.

Pero aquí no para la cosa. Los investigadores han puesto de manifiesto la existencia de cuatro clases de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro:

1. neurológica, mediante la transmisión de impulsos nerviosos
2. bioquímica, mediante hormonas y neurotransmisores
3. biofísica, mediante ondas de presión
4. energética, mediante interacciones electromagnéticas

Por la vía neurológica el cerebro del corazón puede influir en el cerebro de la cabeza, es decir, en nuestra manera de pensar y de ver las cosas, en nuestra percepción de la realidad y en nuestras reacciones, especialmente las emocionales. Empezamos a sospechar que cierto dominio emocional que vemos en ciertas personas excepcionales no procede del control que ejerce el intelecto; bien sabemos que ante las grabaciones del subconsciente, poco puede hacer el intelecto. Sabemos que tenemos que manejar nuestro cuerpo emocional, pero saberlo no es manejarlo. Y queremos seguir lo que dicen nuestros guías, o los libros de los Maestros, pero el intelecto no nos ayuda. Ahora los científicos nos hablan de otro cerebro, el del corazón. Otra forma de inteligencia que podríamos llamar la INTELIGENCIA DEL AMOR. Esa inteligencia que proviene del Maestro Interno, del Alma y que tiene su sede en el corazón.

Y nos siguen informando los científicos… en relación a la comunicación bioquímica del corazón al cerebro, se demostró que el corazón es el que produce la hormona ANF, que asegura el equilibrio general o “homeostasis” y uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés, en especial el cortisol. Además el corazón segrega su propia adrenalina cuando la necesita. También produce la occitocina, llamada la hormona del amor y la libera en grandes cantidades cuando nos encontramos en un estado afectuoso.

En relación a la comunicación biofísica, se ha observado una relación directa entre la presión sanguínea, la respiración y ciertos ritmos del sistema nervioso autónomo.

Y en cuanto a la comunicación energética nos dicen que el campo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro y más potente que cualquier otro órgano del cuerpo. Produce de 40 a 60 veces más bioelectricidad que el cerebro. Y lo más interesante es que el aspecto del campo magnético del corazón cambia en función del estado emocional. Cuando sentimos miedo, estrés, frustración, enojo, etc. se vuelve caótico; en cambio, cuando se experimentan emociones como la gratitud, la compasión, el perdón, etc. toma un aspecto ordenado y se obtiene lo que se llama un “espectro coherente. Este campo se extiende entre 2 a 4 metros alrededor del cuerpo, permitiendo a todos los que nos rodean recibir la información energética contenida en nuestro corazón.

El amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina en la profunda unidad con todo lo que existe. Observa como la fraternidad, la compasión, la bondad, el respeto, la creatividad y el genio creador, es decir, los pensamientos y sentimientos elevados son manifestaciones de la unidad en la que vivimos, mientras que las emociones negativas son manifestaciones de la separatividad.

Cuando vivimos reconociendo que somos uno con todo lo que existe, que no es otra cosa que ver a Dios en todo, los dos osciladores del cuerpo que son el cerebro y el corazón, vibran en perfecta sincronicidad y como consecuencia envían a todo el cuerpo órdenes coherentes, eficaces, inteligentes y totalmente adecuadas a las necesidades del momento.

¿Qué tenemos que hacer para despertar la inteligencia del corazón de manera que pueda tomar el comando de nuestras vidas?

Nos dicen los científicos que tenemos varios circuitos por medio de los cuales nos llega información que ocasiona respuesta en nosotros. El primario, que es completamente inconsciente, y nos permite salir huyendo de una situación de peligro sin tener que reflexionar. Luego el inteligente, que nos permite el razonamiento y el tercero, una mezcla de los dos, en donde los recuerdos del inconsciente se activan y producen reacciones que pasan por la corteza, “el inteligente” y ésta de alguna manera los justifica. El Maestro DK lo llamaría, pensamientos emocionales o kama manas. Ahora la ciencia nos presenta otro circuito que va del corazón a la cabeza y ahí está la clave. El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza los centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas, este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad. Su inteligencia no separa sino que une, reconociendo en todo momento la gran red de vida en la que estamos todos. Es la conexión cósmica que la inteligencia divina nos ha legado para que podamos recuperar nuestro origen divino y nuestra sabiduría esencial. Es la forma de tener una mente iluminada, o como dicen algunos, “resplandor en el cerebro”.

¿Y cómo activar éste circuito?

Viviendo desde el corazón. Cada pensamiento, cada emoción, presentarla primero al corazón y ver si está en armonía con el Amor que allí se encuentra. Hay que trascender los deseos personales y aprender a vivir según la intención del corazón, que es la intención de tu Ser Interno.

El impedimento mayor que tenemos hoy en día son las memorias grabadas en nuestro inconsciente que se activan cada vez que son estimuladas. Busca ser testigo de ti mismo, de tus propias reacciones para que puedas verlas, porque cuando se ven, se van. Para ello tienes que asumir la plena responsabilidad de tus emociones, agradables o desagradables, decidir no culpar a nadie por tus reacciones emocionales y reconocer que el verdadero origen de tus reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior sino en tu interior.

Hay un camino hacia el Corazón que ha sido anunciado por todos los Maestros, haríamos bien en recordarlo: Cultiva el silencio, haz contacto con la Naturaleza , vive periodos de soledad, medita y contempla, busca la verdadera belleza, vive con sosiego y quietud, cuida tu entorno vibratorio, recupera el sentido de lo sagrado, recupera la inocencia al no juzgar, reconoce las sincronicidades en tu vida, trabaja en grupo, coopera, vive con sencillez, escucha.

Ten presente que tu Corazón tiene una inteligencia superior, escúchalo y pregúntale cuando no sepas que hacer.

Espero que esta información pueda generar en ti profundas reflexiones que te conecten con tu verdadero Ser, tu Cristo Interno, la Presencia Yo Soy.

Gentileza, Betty Varela


Publicado por ALFRE306 el 16 de Octubre, 2010, 13:08 | Referencias (0)

Indigo, Cristal o Diamante

Son aquellos que vienen a transmutar el sistema, a cambiarlo todo, para una nueva humanidad

  
En muchas páginas web y en muchos libros van a encontrar muchísima información sobre el tema de las nuevas almas a las que llaman Índigo, las Cristal y las novedosas almas Diamante.

Incluso se me hace ver o percibir que hasta existe un cierto racismo espiritual sobre: “mi hijo es divino porque es Cristal” o “Este chico es insoportable porque es índigo”, o cual o tal es mejor uno que el otro, o más puro o más complejo, o por parte de aquellos que a todos los ven santos y divinos, la desesperación porque ¡Están llegando!

Y hay que recibirlos… en general lo que puedo decirles, es que no se preocupen por esperar a nadie, ni se preocupen por qué educación les damos, o por si nuestro hijo o nuestro nieto es o no índigo o cristal, o, en estos tiempos, Diamante.

La clasificación de estas almas se debe a su vibración y su cantidad debido a sus estilos de misión. Todas han pactado lo que deben hacer y lograr en este mundo, pero de lo único que dependen ellos para lograr cuanto han venido a hacer, es que ustedes, los adultos, dejen de preocuparse por su bienestar, por su educación, pues la manera en que pueden ayudarnos, es olvidándose de nosotros y escuchándose a ustedes mismos, disfrutando de ustedes mismos, y creciendo ustedes mismos, sólo así, nosotros nos sentiremos en un mundo mejor.

La preocupación y el cuidado paternalista, son cosas que ya no funcionan en la nueva Humanidad, y muchos les agradecemos eternamente su incondicional intento por ayudarnos como sus padres lo hicieron con ustedes, o no, en algún momento, pero ahora, hemos venido para que ustedes puedan ayudarse a ustedes mismos. Respiren hondo, y ¡disfruten despreocupadamente de su propia evolución!

Aquello que genera estas nuevas almas, es pura y exclusivamente la vibración de la Tierra. Tomen con pinzas quien dice: “el grupo de almas especiales, los Índigo, que vienen a cambiar el mundo”, pues todo lo que ha nacido desde 1987 en adelante, ya es índigo, pues la Tierra está vibrando en ese color.

Todo niño, toda planta, piedra, y demás que se genere nueva en la Tierra hoy, es índigo. Este color es la Transmutación, y por lo tanto, viene a regenerar de la manera que más acorde le sea a cada ser. Si su contexto es agresivo o muy pasivo, lo hará mediante la agresividad y la ruptura de ideas a nivel familiar. Lo hará a través de la sexualidad, de la política, del vandalismo, del arte, de la indiferencia, de tribalismo, incluso a través del amor puro o posesivo, pero lo trastocará todo, lo dejará todo patas para arriba, pues es su función: cambiar las cosas y regenerarlas de acuerdo a lo que su contexto necesite. Por eso, cuando un niño índigo trae problemas, no miren cómo solucionar sus problemáticas a través de psicólogos o psicopedagogos, sino que vuelquen su mirada hacia su contexto, es decir, padres, abuelos, escuela, pues sus propios problemas, radicarán en su contexto.

El Cristal, es un ser que viene de los planos Crísticos, son los pequeños y cientos de Cristos que vienen a cumplir el trabajo del Amor Incondicional. No significa que por ser un niño tranquilo, que le gusten los animales y busque la justicia y el equilibrio a través del Amor y la Hermandad, tenga que ser Cristal, pues no estoy haciendo aquí una clasificación álmica con una asentada diferencia de personalidad grupal, sino que estoy marcando la función de acuerdo a los niveles en que residían antes de nacer.

Por eso mismo, estos niños no deben ser catalogados, pues también son tan susceptibles que incluso su catalogación podría hacerles daño. No vivan a sus hijos de acuerdo a lo que sean, pues así como un niño negro respira, corre, pinta, canta, come y camina como uno chino o un albino, lo mismo se da para estos niños. Su diferenciación es sólo positiva en tanto a su nivel de captación del contexto, ya que así como a los índigo los altera, a los cristal los enferma o entristece.

Los niños Diamante, que supuestamente comienzan su oleada a partir del presente año de 2009, son niños que brillan con su sola presencia, ya que afectan con su luz a todo su entorno, pues su mundo es amplísimo; no obstante esto, hay que tener en cuenta que son niños con un mundo interno igual de grande, lo cual pueden ser afectados por el entorno mucho más que un Cristal.

Ellos son propiamente Diamantes, que vienen a equilibrar los ambientes como si fuesen rocas de pura luz. Pero tras esta nominación, les propongo no buscar más absurdas encuestas para saber quién es qué y quién no lo es, pues eso no les servirá para identificar a una persona con propia historia y propia labor.

Como les dije antes, vivan cada momento propio y en conjunto al crecimiento y desarrollo de cada chico, pues la catalogación de sus almas sólo puede servirnos para entender hacia dónde se guía su camino y poder dejarlo tranquilo o ayudarlo a guiarse para reencontrarse consigo mismo y con su misión.Sin ánimos de confundir, quiero resaltar que ¡la importancia de su catalogación es estrictamente para ayudarlos a reencontrarse, pero no para determinar su misión o camino!

¡Disfruten simplemente de Ser, sin importar qué es lo que sean!

Matías De Stefano

Fuente: www.ghan.com.ar


Publicado por ALFRE306 el 9 de Octubre, 2010, 22:50 | Referencias (0)

La palabra degradada (cuando lo positivo es tomar conciencia)

Cuando los agravios y los insultos son moneda corriente

  
Santiago Kovadloff / escritor, filósofo | Para LA NACIÓN

Viernes 24 de setiembre de 2010 - Es difícil decidir si la decadencia de los valores morales y políticos de una comunidad se inicia con la desvitalización del lenguaje o si ésta termina por reflejar la agonía de aquéllos. Sea como fuere, la interdependencia entre lenguaje, moral y política se muestra, desde siempre, como un hecho incontrastable. George Steiner supo señalar 'las presiones que ejerce la decadencia cultural sobre el lenguaje'. Ya a comienzos de los años 60, advertía que 'los imperativos de la cultura y la comunicación de masas han obligado al lenguaje a desempeñar papeles cada vez más grotescos'.

La obscenidad de lo grotesco consiste en su ostentación; en la exhibición de la vulgaridad como un bien. Animadores radiales y televisivos, periodistas y dirigentes políticos incorporan a su léxico la grosería y el desplante como si no lo fueran o, peor aún, como si fueran dignos de difusión. Sin disimulo y cada vez con más frecuencia, se hacen eco de esa fascinación por la rudeza verbal, empeñándose en presentarla como garante de autenticidad y cercanía con su público.

Ante semejante caudal de impropiedades y perversiones, se hace indispensable recordar que el lenguaje sólo secundariamente es una herramienta para el suministro informativo. Primeramente y primordialmente, es un signo espiritual: el indicio más alto y más hondo de la índole de los recursos subjetivos con que cuenta o deja de contar una comunidad. Con él, cada uno de los que la integran conoce, se da a conocer y logra autorreconocerse.

La palabra no puede decirlo todo, pero lo dice todo de quienes la emplean. Es cierto que el menoscabo del idioma dista de ser, en los tiempos que corren, un fenómeno exclusivamente argentino. Pero resulta indiscutible que, entre nosotros, una de sus modalidades más usuales, el empleo complaciente de un léxico cloacal, es una práctica asentada. Nadie ignora que hace ya mucho entró en decadencia la educación, nuestro logro fundamental.

Ni que el consenso mayoritario, vulnerado por la involución y el deterioro, ha hecho de la indigencia expresiva un sinónimo desgarrador de la elocuencia. Lo burdo, lo ordinario y grotesco han ido allanando el terreno a algo todavía peor: la circulación progresiva de toda clase de violencias verbales. Y la así llamada clase política no ha vacilado en hacer su propio aporte a ese ejercicio irresponsable de la palabra, convirtiendo al adversario en enemigo y a la disidencia con el propio parecer en un insulto.

El deterioro del idioma ejerce un poderoso influjo sobre la fortaleza de las ideas. Como bien observa Steiner, a medida que ese deterioro se acentúa 'el lenguaje deja de configurar el pensamiento para proceder a embrutecerlo.' Desentendiéndose de todo compromiso con la ejemplaridad, son incontables los políticos que, década tras década, se han mostrado en la Argentina como promotores de un idioma envilecido por la mentira, la impropiedad y la anemia expresiva.

Seamos claros: donde el lenguaje se corrompe, algo más que el lenguaje se corrompe. El basural en que se lo convierte contamina indefectiblemente el pensamiento. El caso de la dirigencia oficialista actual es, en este sentido, patético. Tener adversarios le repugna y los define como seres despreciables. El destrato que les imparte no tiene límites. Con ello, la política cabalmente entendida tiende a desaparecer. Su lugar, entonces, lo ocupa el despotismo. La intención que lo inspira no disimula su propósito.

La demagogia y la intolerancia se dan la mano. La pluralidad de criterios horroriza su propensión al monólogo. En consecuencia, no alienta el debate sino el maniqueísmo. La discrepancia necesaria se transforma, bajo su peso, en confrontación. Y la confrontación, en su caso, en una práctica orientada hacia el exterminio del contrincante. El deterioro de las instituciones y la indigencia del lenguaje no son equivalentes, pero se complementan. Siendo así, no es casual que en el país coexistan las peores embestidas contra la libertad de expresión y la siembra de inmundicia verbal con la que se trata de embadurnar a sus voceros.

Descalificaciones feroces, simplificaciones escalofriantes, agravios que ostentan su desmesura como un logro; amenazas, prepotencias, presiones de neto corte mafioso, conforman la paga constante que reciben quienes, profesando convicciones no oficialistas, se atreven a manifestarlas. Desprecio lapidario, en suma, de ese otro que, al no coincidir con los criterios y procedimientos del poder de turno, se convierte en blanco de un menoscabo sin mengua empeñado en advertirle que algo peor podrá sucederle si no acata la sumisión y el silencio.

La contienda electoral que se avecina probará hasta qué punto la disputa por el poder ha pasado a ser, simultáneamente, un enfrentamiento entre dos concepciones del lenguaje y, por lo tanto, del papel del pensamiento en la construcción de lo político. Una de esas dos concepciones del lenguaje lo entiende como un arma de dominación que debe esgrimirse a expensas de toda alteridad. La otra, no sin vacilación y contradicciones, se niega a dejar de ver en el lenguaje un recurso para el despliegue de la convivencia y la pacificación indispensable.

Esta última concepción es hija de las duras lecciones impartidas por la siembra estéril del autoritarismo. Aquélla, en cambio, de la creencia empecinada en afirmar que, a pesar de todos sus vaivenes, sólo el autoritarismo, en un país como el nuestro, puede garantizar una gestión política eficaz. La degradación del idioma, en buena parte de los políticos, refleja la magnitud alcanzada por la pérdida de valor de las investiduras. Tan extendida está esa degradación que sería injusto suponer que el oficialismo tiene el monopolio del envilecimiento de la lengua.

Pero es innegable que en sus filas es donde esa práctica encuentra mayor aceptación. Más allá de las desmesuras discursivas en las que, con premeditada frecuencia, incurren la presidenta de la Nación y su esposo, resulta evidente que es en su entorno donde proliferan los cultores más decididos de la agresión verbal. Es esta negativa a inscribir el tratamiento de los conflictos nacionales en el marco de un abordaje en el que la palabra no opere como un hacha o una tea, la que se hace notar dramáticamente en la recurrencia al lenguaje cloacal y pendenciero. A ellos les siguen, como es evidente, los agravios personalizados y sin ninguna sutileza ideológica.

El más grave de todos es reciente. Recayó sobre el ex fiscal federal Julio César Strassera, figura emblemática de la democracia recuperada. El Gobierno toleró sin inmutarse que un hombre identificado con su gestión lo llamara 'hijo de puta'. Toleró igualmente que su jefe de Gabinete se refiriera a ese magistrado como a un miserable. Refrendó, en fin, con su silencio cómplice, un comportamiento perverso, que perdurará en la memoria de los argentinos como un signo inequívoco del derrumbe moral de la política.

Es que a medida que se transparenta la repugnancia que la independencia de criterio despierta en la sensibilidad autoritaria, recrudecen los ataques contra todos aquellos que no rinden pleitesía a la causa del poder de turno. Allí están, para probarlo, empresarios, sindicalistas, políticos, jueces, intelectuales y periodistas.

'Víbora venenosa', llamó al columnista Joaquín Morales Solá esa enardecida abanderada del desprecio en que se convirtió Hebe de Bonafini. Es indudable que la meta hacia la que se encamina, en política, la degradación de la palabra es la subordinación forzada de toda disidencia a una voluntad despótica.

Una nueva estirpe de excluidos comienza a ser forjada por la intolerancia del poder. La integran quienes aspiran a seguir ejerciendo el pensamiento crítico. Así, a la inseguridad conocida se suma una nueva. Transitar por las calles, las avenidas y las rutas es, desde hace mucho, un riesgo radicalizado. Frecuentar libremente la senda de las palabras empieza a serlo también. Dos formas del delito se complementan en la Argentina para multiplicar una misma desolación.

© LA NACION

Fuente: www.lanacion.com | Gentileza: Marian Benedit


Publicado por ALFRE306 el 2 de Octubre, 2010, 14:36 | Referencias (0)

 

 

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