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Septiembre del 2010


El médico que les hizo un tackle a las drogas y a la pobreza

"Soy el único del club que tiene como profesión la de médico; entonces me viven consultando por muchas cosas y a mí me encanta ayudarlos"

  
Parece inconmovible. Nada lo hace titubear. Ni el escándalo de sol que penetra por la ventana y le baña los ojos celestes y chiquitos lo perturba. El hombre habla pausado sin mostrar fisuras en su discurso, algo tenso. Bebe su té negro, todo con la misma ajenidad y mirada esquiva. Pero habrá un momento en que Rafael Delger entregará su alma al reportaje: cuando reconozca, con ojos húmedos, que los chicos que él entrena en el Virreyes Rugby Club y que vienen de situaciones límite, tristes, de pobreza, es la segunda cosa más importante de su vida. ¿La primera? Los partos, la vida que trae al mundo con sus manos de médico ginecólogo y obstetra.

Delger cree que vamos en busca de la miseria de los chicos de Virreyes y él quiere contar lo otro, lo que se logra con esfuerzo, no su propio esfuerzo, sino el de los adolescentes de barrios con carencias que se entrenan, aman el rugby y sueñan con un mundo diferente.

'Lo que vale es el proyecto -dice Delger, de 47 años, divorciado, sin hijos-, el esfuerzo de los chicos que asisten al club, que estemos jugando en primera, que muchos de esos pibes hayan logrado terminar el secundario, que algunos ya estén en la facultad, que se alejen de las drogas y del alcohol bajo las premisas que tiene, este deporte: compañerismo, amistad, solidaridad y valores'.

El atardecer en el Club Virreyes tiene feo olor, un olor que se nos mete bajo la piel con infinita impunidad, mientras por la vista, entre los dos palos, se mezclan caballos, cartones, miseria y ocaso. No logramos identificar la peste que entra por las narices de los que estamos en el campo de deportes embarrado y que ellos, los que se están entrenando, ya no huelen. 'Hay un frigorífico enfrente -dice Delger, mientras posa para la foto y los chicos le gritan: «¡Modelo, facha!» y él se pone vergonzoso-, pero es lo que tenemos, y tenemos muchísimo.'

Porque este club, que nació por la acción solidaria de dos ex jugadores de rugby y de sus esposas, que no soportaron ver tanta desigualdad y siguió con muchos colaboradores que le pusieron garra, dinero, alimentos y fe al proyecto, entrena a unos 500 chicos; les da clases de apoyo para que puedan terminar el colegio; los asisten con becas para la universidad y, básicamente, los escuchan y les muestran que una pelota no es sólo de fútbol, que el 'tercer tiempo' es el de compartir y que, como ellos mismos dicen en broma, 'en la escuela son los chetos del rugby'.

Porque estos adolescentes en edad de riesgo vienen de la infamia de la pobreza que el gobernador Daniel Scioli no resuelve, suelen tener a sus padres presos (ellos dicen que están 'de vacaciones'), enfrentan embarazos adolescentes de sus novias niñas, pero zafan, en su mayoría, de cartonear, de fumar paco, de contagiarse enfermedades de transmisión sexual, se salvan hasta de las balas y de la muerte gracias al rugby y a la gente como 'Rafa'.

Y Delger, el hombre de hielo, se derritió hace tres años ante esos pibes y se sumó al proyecto por el que cada día deja un jirón de su vida. 'No es loable lo que hago yo, que es entrenarlos. Lo bueno es lo que hacen ellos.' Porque ellos llegan a veces sin desayunar, con angustias irrepetibles y Rafael, entre otros entrenadores y hacedores de Virreyes, los escuchan y los consuelan.

¿Por qué lo hace este hombre? Hay una asignatura pendiente que Delger salda a tackle limpio: su propia infancia de necesidades afectivas, que lo condenaron a ser un pibe triste, introvertido, con infinitas imposibilidades de expresarse, el nerd de la clase. Y él, ahora, salda la deuda dando todo lo que puede para que a esos chicos nadie les quite el futuro.

'Siento que soy servicial, que necesito ayudar a los demás para que tengan una vida mejor. Mirá, nosotros vemos de todo en el club: a los que se van de la casa a los 16 años y no pueden volver porque hay violencia doméstica. Hablamos con ellos y con los padres. Los pibes saben que acá los contenemos y que pueden contar con nosotros sin sentirse diferentes.'

Y cuenta Delger el caso de un chico que pintaba para campeón y un buen día desapareció del club. Dijeron que habían escuchado rumores, que a veces robaba y a todos se les paralizó el alma. Este verano reapareció y, honrando la logia de los códigos, nadie preguntó nada y le volvieron a hacer un lugar en el club.

'¿Con qué derecho vamos a juzgar? Nosotros estamos para ayudarlos, no para hacer un juicio de valor', dice, y relata otro caso que le tocó mucho el corazón.

Era un nene feliz, tranquilo, hasta que comenzó con una irritabilidad muy marcada. Entonces, 'Rafa' fue hasta la casa y descubrió que en ese barrio, de muchas necesidades, a los padres del chico una vecina le había hecho un juicio porque el perro había mordido a uno de la prole y debían pagar 1000 pesos por mes: una fortuna. 'Eso se habló en el club y al chico se le consiguió una beca y le regalaron los botines', cuenta.

Es que la guerra de los pobres contra los pobres es lo que más apesta en este país. Y Delger está harto de ese olor miserable y asqueroso. No lo puede respirar más. Por eso ayuda a todos los que caen en sus manos dando consejos, explicándoles que deben inscribirse en los talleres del club; los obsequia con reiki y pone especial atención en un problema que lo desvela: el alcoholismo en la adolescencia.

'No es un problema local ni de la pobreza. Es algo general. Todos los chicos están tomando mucho; es preocupante y no tiene que ver con la carencia, porque se ve en todos los clubes.'

-¿Cuál fue el caso que más te llegó?

[Se le humedecen los ojos.] -El de Tomás. No sé si conoció al padre; vive con su mamá y una hermana. Es un excelente jugador, pero de los buenos Tiene 16 años. El problema es que ya no viene más, y perderlo fue un golpe grande porque lo venía siguiendo desde que entré en el club.

-¿Lo buscaste?

-Sí, pero fue inútil. A los 16 años, estos chicos empiezan a noviar y las mujeres pesan mucho. Algunas se dan cuenta de la importancia del club, pero otras, no, y los gastan.

Delger cuenta que el club llamó a médicos y nutricionistas para que controlaran a los chicos, siempre gratis, y descubrieron que el 60% tenía sobrepeso.

El mate pasa de mano en mano en la sede del club. Hay chicos que suben y bajan escaleras; otros que escriben en cuadernos y los que van camino al vestuario para ponerse el traje de rugbier.

Han llegado temprano al club. Han venido a tomar la merienda y a tomar las clases de apoyo que les dan maestros. Los otros, los más grandes, salen de las aulas donde participaron del taller de inglés, del de computación o les han enseñado a estudiar.

'Soy el único del club que tiene como profesión la de médico; entonces me viven consultando por muchas cosas y a mí me encanta ayudarlos. Los fines de semana se contratan médicos para que estén en los partidos, pero si se demoran, me enganchan para que esté en algunos partidos, porque si no hay médico, no se puede comenzar', explica el 'ex' hombre de hielo que pisa el club y se transforma en una especie de chiquilín de risa fácil a quien todo el mundo saluda y consulta.

'Viene gente del hospital Durand a darnos una mano y muchos centros médicos han colaborado. También nos han ayudado odontólogos y estudiantes de esa carrera en la entrega de protectores bucales hechos con moldes. En fin, siempre andamos mangando para que los chicos puedan llegar.'

Y llegar no es lo más fácil, porque, a diferencia del fútbol, con el que varios pibes humildes han logrado zafar de su destino, el rugby es amateur en el país y difícilmente alguno de estos 500 chicos llegue a jugar en el exterior y se convierta en un Agustín Pichot.

Rafael Delger lo sabe. Quizá por eso camina lentamente y siempre parece que le estalla la cabeza de tanto pensar. Mira a los jugadores correr alrededor de la cancha; escucha sus palabras dichas con la cadencia de la cumbia villera; sabe que el 'fierita' que llevan dentro es indomable en esta adolescencia, y piensa en el tercer tiempo: hoy va a hablar con ellos. Hoy les va a contar de la vida, de Dios, del alma y de los preservativos. Hoy está tranquilo: vinieron todos a entrenar, ninguno se extravió...

Por Alejandra Rey | Fuente: www.lanacion.com


Publicado por ALFRE306 el 26 de Septiembre, 2010, 7:05 | Referencias (0)

Salvó la vida de cientos de chicos y no se cree Dios

Historias con nombre y apellido

  
Laura Di Marco

Para LA NACION

Jamás pensó que los medios o la política podrían meterse algún día en el quirófano, en medio de una operación a corazón abierto, y casi monitoreando en tiempo real los delicados movimientos de su bisturí.

Y, sin embargo, eso fue lo que sucedió aquella tarde de enero de 2004, cuando lideraba el equipo de trasplante cardíaco infantil que logró salvarle la vida a Abril, una beba de 16 meses que había llegado al hospital Garrahan en estado crítico, al tope de la lista de emergencia nacional del Incucai.

'Los canales informaban en vivo sobre los detalles de la operación que ?después me enteré? se seguía hasta en Punta del Este. Los teléfonos sonaban dentro del quirófano mientras operábamos: una verdadera locura', recuerda hoy, todavía incrédulo, Horacio Vogelfang, jefe del Servicio de Trasplante Cardíaco Infantil del hospital Garrahan, como si aquella hazaña no hubiera merecido semejante atención.

Aquel enero de 2004, el doctor Gerardo Naiman, segundo en el servicio del Garrahan y al frente del equipo de ablación, oficiaba de nexo con el mundo exterior, mientras Vogelfang permanecía recluido en el hospital pediátrico preparando a Abril. Naiman había sido el encargado de viajar a Santiago del Estero, donde residía la beba donante, en medio de un delicado operativo cronometrado: toda una ingeniería minuciosa al servicio de no perder ni un segundo porque un corazón detenido, una vez fuera del organismo, tiene un límite de vida útil que es, como máximo, de apenas seis horas. 'Teniendo en cuenta que, muchas veces, hay que ir a buscar el órgano a una provincia en avión, el esfuerzo para que todo encaje es enorme.'

-No sabés lo que es afuera? -susurró Naiman, apenas entró en el quirófano, con una heladerita en la que portaba el corazoncito congelado, que minutos más tarde latiría en el tórax de Abril Dispenza. Pero no llegó a terminar la frase.

-No me cuentes; no me quiero ni enterar -lo frenó Vogelfang, algo molesto por aquella exposición no buscada, que increíblemente se le había colado dentro del quirófano.

Unos días antes de esta histórica operación, cuando el caso de su hija ya era terminal, Sergio Dispenza se había parado en la explanada de la Casa Rosada para protagonizar su propia cadena nacional: nunca es fácil encontrar a un donante en horas desesperadas, pero mucho menos lo era, en su caso, siendo su hija tan chiquita. Por eso, Dispenza decidió jugar aquella última carta al apelar a la solidaridad de quienes lo estaban mirando. Y, precisamente, uno de quienes lo estaba mirando por televisión, mientras intentaba hablar con el Presidente, era el propio Vogelfang.

'Apenas podía creer adónde este hombre había llegado; hay algunos padres que tienen un coraje? que uno se pregunta quién aprende de quién o quién ayuda a quién. He aprendido mucho de todos ellos.'

Era el efecto poscrisis de 2001. Y democracia inmediata estaba en auge en la Argentina, es decir, todo el mundo quería ser atendido y escuchado en forma directa por el poder político: fue así como el caso de Abril había tomado temperatura mediática y había logrado concitar el interés de los argentinos.

Pero, ¿en qué piensa o en qué cree un cirujano de este nivel cuando está abriendo el tórax de un chiquito para salvar su vida? ¿Cree sólo en él y en su ciencia o piensa que algún dios lo está auxiliando en esos momentos extremos?

'Creo que hay algo, más allá de lo humano, que logra interconectar de un modo impresionante a las 20 o 25 personas que estamos haciendo el trasplante. Hay algo que sucede en todas las intervenciones que hicimos, desde el 2000 en adelante, y que va mucho más allá de un simple acto médico. Hay un momento crucial, y mágico a la vez, y es cuando colocamos el corazón en el pecho, a la espera de que lata. Porque puede suceder que, haciendo el mismo procedimiento cada vez, los corazones no latan; ése es el riesgo mayor en este tipo de operaciones. Esos segundos decisivos traen gran adrenalina. Pero en el caso de Abril, empezó a latir sin dificultad y, entonces, todos empezamos, espontáneamente, a aplaudir dentro del quirófano. A esa conexión en el equipo yo la llamo Dios.'

Un camino con corazón

A los 58 años, Vogelfang es uno de los mejores cardiocirujanos infantiles del país. Lleva adelante, junto con su equipo, un programa de alta complejidad con reconocimiento internacional: por los resultados obtenidos y la cantidad de intervenciones exitosas realizadas, el servicio de Trasplante Cardíaco del Garrahan figura entre los cinco mejores del mundo, detrás de dos centros en Alemania, EE.UU. y Canadá.

El año pasado, junto con Naiman, viajó a Chile para asistir a los médicos vecinos en el uso del corazón artificial, una sofisticada y carísima maquinaria, llamada Berlin Heart, de la que disponen pocos centros en el mundo.

'Cuando decidimos conectar el corazón artificial a un chiquito es porque le quedan horas de vida; a veces son 48, pero, a veces, son dos. Se trata de corazoncitos muy pobres, y se los asiste en el límite', dice este médico de proezas silenciosas, que confiesa haber trabado con Dios un pacto de 'no agresión'.

Hace poco tuvo un sueño extraño, que lo dejó conmocionado. Corría y corría una carrera junto con sus colegas cirujanos. Y en el medio del sueño, empezó a sentirse ridículo. Y mientras se sentía ridículo, se escuchaba a sí mismo preguntándose: 'Pero, ¿cómo vas a competir, si ellos pueden correr y vos no?'. Lo curioso fue que, cuando despertó, seguía en plena carrera, dale que dale.

Nada de todo esto resultaría extraño -menos en un sueño- si no fuera porque Vogelfang padeció polio cuando era chico, una enfermedad que lo marcó en su infancia (y más allá), y que le dejó una secuela de por vida al caminar.

¿Y no habrá influido la polio, en la infancia, para luego, de grande, querer curar chicos?

No lo tiene en claro, dice, después de pensar un rato. 'Lo veo como algo más personal, como una práctica (la del trasplante) que me devuelve la imagen de que todo es posible. Cada uno tiene su secuela de algo.'

En su despacho hay fotos de perros con orejas largas y tremenda cara de buenos; están justo al lado de los chicos trasplantados por el equipo: muchos de sus 'pacientitos', como él los llama, ya llevan diez años, con el corazón donado.

¿Son sus perros? 'No -se ríe-; bueno, sí.... Son Bobby y Chicho, nuestros primeros trasplantados, con quienes fuimos desarrollando la puesta a punto de la técnica. Tuvimos un año y medio de cirugía experimental, antes del primer trasplante en humanos. Ahora estamos haciendo una experiencia en chanchos, conectados al corazón artificial.'

Nació en el barrio porteño de Paternal, frente al Club Fulgor, y por esas piruetas del destino tuvo un vecino que, con los años, fue famoso: el futbolista y hoy DT de Rosario Central, Reinaldo 'Mostaza' Merlo.

'Probablemente, la secuela de polio haya influido en mi carrera, más de lo que supongo. Quizá haya sido parte de querer demostrar o demostrarme que se puede hacer todo ?a pesar de´. De chico jugaba al fútbol de arquero, con Mostaza, que casi tiene mi misma edad y nadie entendía cómo yo podía atajar bien. Pero atajaba. Y, bueno, son esas ganas de atajar penales, de pararse en la última línea y empezar a recibir los pelotazos, a ver cómo me va.'

Pasó muchas más horas de su vida operando que durmiendo.

La intervención más larga que le tocó liderar duró 24 horas. La complicación fue, de nuevo, que el flamante corazón -ese órgano siempre desconcertante y sutil- se negaba a hacer su trabajo natural. Sin embargo, y a pesar de ese corazoncito roto, durante ese día otro milagro sucedió. Apareció otro donante y la 'pacientita' se recuperó con éxito.

Y con todas esas hazañas en su haber, ¿de veras que nunca se creyó un poquito Dios?

Más allá del pacto de 'no agresión' suscripto por una sola de las partes (es decir, por Vogelfang), el cirujano que les salvó la vida a cientos de chicos argentinos jura que está lejos de creerse Dios. Ni siquiera, un poquito. 'Todo lo contrario, siempre me estoy viendo los defectos, las fallas. Y le confieso: me canso bastante, últimamente. Muchas veces, me dan ganas de dejar todo e irme a mi casa. Pero sigo acá, atajando penales, como cuando era chico y jugaba en la canchita del Fulgor con el Mostaza: ése sí que era el célebre de la cuadra'.

HORACIO VOGELFANG

Cardiocirujano infantil

• Quién es: lidera el equipo de trasplante cardíaco del Hospital Garrahan desde su creación, en 1999, y es uno de los más prestigiosos cardiocirujanos infantiles del país. El programa que dirige figura entre los cinco mejores del mundo. Está casado y tiene cuatro hijas. Padeció poliomielitis en la infancia, afección que le dejó una secuela al caminar. Esa enfermedad, dice, fue un 'motor' que le sirvió para demostrar que, a pesar de ese problema, podía llegar al máximo nivel en su especialidad, una meta que logró con creces.

• Qué hizo: con 58 años y más de 30 de carrera, operó a miles de chicos y les salvó la vida a cientos. Dirige el único programa de alta complejidad en la esfera pública del país, por lo que atiende a chicos del interior y de América latina.

Laura Di Marco


Publicado por ALFRE306 el 19 de Septiembre, 2010, 12:06 | Referencias (0)

Ideas para mejorar la calidad de vida de las familias

  
FOTO: Marc van der Aa
Gano el salario mínimo, mi esposa también. Trabajamos de camarero y lavaplatos. Tenemos dos hijos de 10 y 14 años. Vivimos en un barrio abandonado social, económicamente y policialmente sin ninguna ley ni orden. Estamos como inquilinos en unos apartamentos viejos y sucios donde cada vecino hace lo que quiere sin importarle la convivencia con los demás. Nuestros hijos van a una escuela totalmente podrida, por dentro y por fuera. Mis padres y mis abuelos también vivieron en este barrio y nunca prosperaron. ¿Que debo hacer para mejorar la calidad de vida de nuestra familia?

Hay muchas formas de medir la calidad de vida de las personas. Cada uno tiene su sistema y algunos lo reflejan expresado en índices, pero el mejor índice es comparar su situación con otras que pudieran estar asequibles a sus necesidades, nada de utopías.

¿Por que tiene que admitir esa situación si Vd. puede cambiar? Es cierto que necesitara mucha fuerza de voluntad, realizar grandes esfuerzos, aceptar consejos y tomar riesgos. En resumen romper con parte de su pasado y enfrentarse a un nuevo futuro. Para lograr tener un mejor nivel de vida del que tenían sus padres, necesitarán prepararse mucho mejor que ellos. Si no lo hacen, tendrán el mismo o peor.

La estructura y soporte de esas comunidades no va a cambiar a mejor, pues nunca ha mejorado. Si se revisan los periódicos de hace 50 o 100 años o se leen libros que traten de la forma de vida de esas comunidad, se ve con horror que siguen viviendo igual de mal, con los mismos problemas que tenían desde esas épocas. Con esa perspectiva viven muchas familias de inmigrantes y seguirán viviendo si no cambian de actitud. Si se encuentra caminando del lado de la mayoría, párese a pensar, seguramente se quedará aprisionado por esa mayoría.

El futuro de esos niños es totalmente predecible, como lo fue el de sus padres y el de sus abuelos. Seguir como el día que llegaron llenos de ilusiones para conseguir un cambio, pero no han conseguido prosperar en nada. Todo sigue igual de mal. Cambiar de actitud estando dentro del problema es muy difícil, por no decir imposible. Su sociedad no va a cambiar, por que no ha cambiado en los últimos 100 años.

Los que quieran cambiar deben alejarse lo más posible del problema y empezar una nueva vida en otro lugar donde el ambiente no les aplaste, que les permita ser ellos mismos y sin las limitaciones negativas de su entorno. Ir a un lugar donde puedan mejorar su calidad de vida, con esfuerzo pero con verdaderas posibilidades de conseguirlo. Si consiguen salir de esos históricos guetos, es muy posible que nunca se arrepientan de haberlo hecho. Siempre habrá aquellos que no quieran cambiarse de sus barrios o ciudades, aun cuando sepan que ellas están en crisis y se están hundiendo.

Lea el articulo completo en: http://blog.micumbre.com/2008/02/13/10-ideas-para-mejorar-la-calidad-de-vida-de-las-familias/

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

Si quiere leer otros artículos complementarios, visite www.micumbre.com

Publicado por ALFRE306 el 12 de Septiembre, 2010, 5:30 | Referencias (0)

La vida es una creación, no un descubrimiento

No vives cada día para descubrir qué te espera ese día, sino para crearlo
  
No vives cada día para descubrir qué te espera ese día, sino para crearlo. Estás creando tu realidad cada minuto, probablemente sin saberlo.

He aquí el cómo y el porqué:

1. Yo os he creado a imagen y semejanza de Dios.

2. Dios es el creador.

3. Sois tres seres en uno. Puedes llamar a esos tres aspectos del ser como quieras: Padre, Hijo y Espíritu Santo; mente, cuerpo y espíritu; superconsciente, consciente y subconsciente.

4. El proceso de creación procede de estas tres partes de vuestro cuerpo. Dicho de otro modo, creáis a los tres niveles. Las herramientas de creación son: el pensamiento, la palabra y la obra.

5. Toda creación se inicia con el pensamiento («Procede del Padre»). Toda creación pasa después a la palabra («Pedid y se os dará, hablad y se os hará»). Toda creación se completa en la obra (« Y el verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros»).

6. Aquello que pensáis pero no decís crea a un nivel. Aquello que pensáis y decís crea a otro nivel. Aquello que pensáis, decís y hacéis se hace manifiesto en vuestra realidad.

7. Pensar, decir y hacer algo, si no creéis verdaderamente en ello, es imposible. Por lo tanto, el proceso de creación debe incluir la creencia, o el conocimiento. Éste es fe absoluta. Está mas allá de la esperanza. Es conocimiento de una certeza («Por vuestra fe seréis sanados»). En consecuencia, la parte activa de la creación incluye el conocimiento. Se trata de una claridad esencial una certeza total, una completa aceptación de algo en tanto realidad.

8. Este nivel de conocimiento es un nivel de intensa e increíble gratitud. Es un agradecimiento por adelantado y quizás sea ésta la clave más importante de la creación: estar agradecido antes de, y por, la creación. Esta actitud de darla ya por hecha no es algo que haya que perdonar, sino algo que hay que alentar. Es un signo seguro de la cualidad de Maestro. Todos los Maestros saben por adelantado que la obra se ha realizado.

9. Celebra y disfruta de todo lo que creas y has creado. Rechazar cualquier parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Sea lo que sea lo que se presente como parte de tu creación, poséelo, reivindícalo, bendícelo, agradécelo. Procura no condenarlo («¡maldita sea!»), puesto que condenarlo significa condenarte a ti mismo.

10. Si hay algún aspecto de tu creación del cual veas que no disfrutas, bendícelo y simplemente cámbialo. Elige de nuevo. Provoca una nueva realidad.

Piensa una nueva idea. Pronuncia una nueva palabra. Haz algo nuevo. Hazlo con magnificencia, y el resto del mundo te seguirá. Pídelo. Exígelo. Di: «Yo soy el Camino y la Vida. Sígueme».

De este modo se manifiesta la voluntad de Dios, «así en la Tierra como en el Cielo».

Del libro: "Conversaciones con Dios", Neale Donald Walsch


Publicado por ALFRE306 el 5 de Septiembre, 2010, 11:52 | Referencias (0)

 

 

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