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Septiembre del 2008


El código Esenio


NOTA ORIGINAL PUBLICADA EN LA REVISTA EL PLANETA URBANO, SECCION PLANETA-X.

Los principales fundadores de lo que más tarde se denominó cristiandad fueron esenios: Santa Ana, José y María, Juan el Bautista, Jesús, Juan el Evangelista, entre otros. Los esenios no se limitaban a una sola religión, sino que estudiaban todas para luego extraer de ellas los grandes principios del conocimiento; y sostenían que cada religión era un estado diferente de una misma manifestación. Le daban gran importancia a las enseñanzas de los antiguos caldeos, a las de Zoroastro, a las de Hermes Trismegisto, a las instrucciones de Moisés, como así también a las revelaciones de Enoc.

Su legado consiste en la documentación de diversas técnicas que nos brindan un acceso directo a la conexión cuántica, permitiendo el acceso al conocimiento infinito. El estudio de antiguas enseñanzas realizado por esenios le ha devuelto a la humanidad una llave que posibilita reencontrarse con las herramientas necesarias para construir un mundo mejor. Dichas enseñanzas nos instruyen sobre cómo hacer de la compasión una ciencia que ayude a trascender los retos que ahora enfrentamos de forma individual y colectivamente.

Estos conocimientos se hallan contenidos en los textos -recientemente traducidos- de los Rollos del Mar Muerto, antiguos legados esenios de 2000 años de antigüedad y que fueron descubiertos en 1946. De los 22.000 fragmentos y rollos escritos sobre papiro, metal y cuero, únicamente uno fue hallado intacto: El Rollo de Isaías. Una de sus interpretaciones, aclarada por el nuevo conocimiento cuántico, ofrece una respuesta al sufrimiento del individuo o de las masas ante los cambios planetarios, ya sea por disturbios naturales, guerras o enfermedades. Describe cómo podríamos unirnos en un todo colectivo y enfrentar estos cambios por medio de la ciencia contenida en el Rollo de Isaías.

EL ROLLO DE ISAIAS

La información contenida en este manuscrito relata una profecía dirigida específicamente para nuestros tiempos y presenta una visión del futuro que se asemeja a las profecías de numerosas otras tradiciones. Todas nos advierten -generalmente en tono catastrófico- sobre las infinitas posibilidades de caos basadas en nuestro libre albedrío.

En 1957 un físico en Princeton, Hugo Everett III, sugirió que por cada instante de nuestras vidas existen muchos momentos, posibilidades y resultados que tienen lugar simultáneamente para cada elección que hagamos en nuestras vidas. En la interpretación sobre el Rollo de Isaías, hecha por el investigador Gregg Braden, explica que cuando nos enfocamos en una de esas tantas posibilidades, la misma se convierte en nuestra realidad. Entonces las profecías se convierten en una especie de advertencia y nos indican el rumbo que debemos corregir en el futuro para así poder revertir nuestro propio destino.

¿CREAMOS O ELEGIMOS LA REALIDAD?

Una de las cosas que nos ha dicho la física cuántica y que coincide con antiguos legados de los manuscritos esenios es que nosotros creamos nuestra realidad. Afirman que la profecía se aproxima a la verdad aunque no sea totalmente exacta. Es decir que en cada momento de nuestras vidas vivimos numerosas posibilidades simultáneas que se llevan a cabo a través del tiempo y dependen de nuestras propias decisiones colectivas.

Estas posibilidades se encuentran inactivas en nuestro cosmos, latentes hasta que las despertemos por medio de nuestras elecciones. Todas nuestras alternativas individuales se convierten en una respuesta colectiva en un tiempo dado de la historia. Por eso ahora, aunque estemos atestiguando los inicios de algunas de las profecías más aterradoras, existen otras realidades disponibles y son igual de posibles, dependiendo de nuestra decisión. ¿Cómo nos desplazamos de una posibilidad a la otra? Las pistas están en el Rollo de Isaías.

EL CONOCIMIENTO ANTIGUO

La humanidad se distanció de la espiritualidad y de las disciplinas de apertura a su potencial interno, las cuales nos ayudan a influir en la realidad. Perdimos de vista la relación entre la humanidad, el pensamiento, los sentimientos, las emociones y el cosmos, y los textos sagrados en los cuales figuraban las claves de acceso a este potencial nos fueron retirados en el siglo IV. Se cree que cuando los esenios abandonaron Qumran para escapar de la persecución trasladaron su conocimiento al Tíbet, entre otros lugares.

En 1998 Braden, durante su peregrinaje por 12 monasterios tibetanos, corroboró que los locales no solo custodian conocimiento esenio, sino que hoy en día viven estas tradiciones y han incorporado las técnicas de autoconocimiento interior a su rutina de superación humana. Allí el investigador descubrió que existe una forma de oración que ayuda a creer y sentir lo que uno reza.

LA ORACION COMO CREACION

La oración a la cual nos referimos trasciende las creencias de cualquier religión y se basa en reincorporar el sentimiento y mentalismo humano en nuestra relación con el mundo. En lugar de sentirnos pecaminosos y miembros no partícipes ni decisivos de la realidad, oramos con conciencia creyendo en el principio de crear eventos que nos permitan desenvolver una nueva.

Los antiguos esenios utilizaban las cualidades del pensamiento, el sentimiento y la emoción para decidir cómo experimentar la vida en este mundo. La emoción es la energía que cada día nos impulsa hacia adelante en nuestro mundo, y ese sistema de poder no tiene una trayectoria hasta que es guiado por nuestro pensamiento. La unión del pensamiento con la emoción es el sentimiento.

Los tibetanos hacen una clara distinción entre sus plegarias y los cánticos, también entre los mantras y mudras que utilizan para ambientarse en el sentimiento adecuado para la oración. Esto es algo valioso para destacar porque ahora la ciencia cuántica sugiere que el sentimiento humano es la forma en cómo nos movemos de un resultado cuántico al otro. De alguna manera, el sentimiento humano está relacionado con el resultado que experimentamos individual y colectivamente.

Esta nueva forma de orar nos invita a crear el sentimiento en nuestros cuerpos como si la oración ya hubiese sido respondida. Las visualizaciones no tienen poder a menos que experimentemos a través del poder de la emoción y del sentimiento. Si este modo de orar funciona como creemos que lo hace, no hay motivo alguno para que suframos las predicciones catastróficas porque ahora poseemos el poder colectivo de transformar la realidad. Entonces debemos utlizar el poder de la emoción humana como una herramienta, porque quienes ya lo hicieron sintieron un profundo efecto sanador, solo porque percibieron nuevas posibilidades abiertas en su corazón y se dieron permiso para cambiar.

Cuando personificamos un sentimiento atraemos esa realidad y el mundo exterior nos refleja lo que nuestro mundo interior ha creado. Más allá de que elijamos paz o temor en nuestra vida personal, el mundo nos refleja esas mismas cualidades porque el mundo honra los principios de la creación. Así dijeron los antiguos esenios: “Conviértanse en la paz, porque eso atraerá paz para el mundo”.

Autor: Brad Hunter

  
El rollo de Isaias

Publicado por ALFRE306 el 27 de Septiembre, 2008, 19:47 | Referencias (0)

El secreto perdido




  
NOTA ORIGINAL PUBLICADA EN LA REVISTA EL PLANETA URBANO, SECCION PLANETA-X

Existen legados muy antiguos que nos ofrecen métodos para sanar el mundo y a nosotros mismos. Muchos de estos secretos fueron mantenidos ocultos a los ojos de los no iniciados y eran preservados por antiguas escuelas del conocimiento esotérico. Tienen sus orígenes en tiempos muy remotos y comenzaron a salir a la luz de manos de los egipcios y de los antiguos esenios, y su origen pudo rastrearse justamente hasta el antiguo Egipto.

El Kybalion es uno de estos legados ancestrales del conocimiento secreto cuyos principios detallan los llamados principios Herméticos o Leyes Universales. En uno de sus pasajes nos enseña cómo el verdadero sabio, conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, y de esta manera triunfa. La maestría consiste en el empleo de las fuerzas superiores de la naturaleza contra las inferiores vibrando en los tonos más elevados de lo creado. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro. Recientemente un film llamado +El secreto+, producido por la productora Prime Time y dirigido por Rhonda Byrne, expone a maestros del conocimiento, filósofos, físicos cuánticos, líderes del mundo de los negocios y del espectáculo contando los secretos de los principios de las ciencias Herméticas, en especial la llamada Ley de Atracción. Según lo presentado, al aplicar estos principios se podrían revertir procesos de enfermedades, adquirir bienestar masivo, superar obstáculos y realizar los sueños más deseados.

LA LEY DE ATRACCION
La Ley de Atracción es un principio natural que establece que toda vibración atrae una vibración de igual frecuencia e intensidad. Según esta ley, los seres humanos emitimos vibraciones a través de nuestros pensamientos y emociones; en consecuencia, atraemos a nuestra realidad lo mismo que pensamos y sentimos. Esto significa que somos nosotros los creadores y responsables de todo lo que acontece en nuestra vida. Todo pensamiento vibra, todo pensamiento irradia una señal y todo pensamiento atrae una señal equivalente como respuesta. Es así como se inicia un ciclo de sincronicidad en el que las personas, situaciones e ideas empiezan a integrarse como la respuesta a ese pensamiento y vibración que emitimos. Cuando somos conscientes de esta ley y comenzamos a utilizarla, empezamos a emitir señales a través de nuestros pensamientos -y especialmente con nuestras emociones-, para que nos apoyen en el logro de lo que queremos para nuestra vida. Cuando tenemos un deseo que aún no se ha manifestado, la razón por la que no se manifiesta es porque nuestras vibraciones no están en la misma frecuencia e intensidad del deseo que tenemos.
Generalmente nos enfocamos en la ausencia, en el "no tener" lo que deseamos; por esta razón las vibraciones que emitimos son diferentes del deseo que queremos materializar. Entonces, ¿cómo podemos utilizar la Ley de Atracción a nuestro favor? Existen 4 pasos básicos para hacerlo: 1) Elegir la situación deseada, 2) Emitir vibraciones acordes con la elección hecha, 3) Mantener una emoción que apoye mi elección y 4) Permitir y disfrutar la manifestación del deseo en nuestra mente. La tan en boga Física Cuántica, a través de la Mecánica Cuántica, establece que esto es real y que el Universo responde a las elecciones que realizamos, tanto personal como colectivamente, como especie.

LA LEY DE MENTALISMO
Tal como estableciera Max Planck, padre de la física cuántica, en 1944, "No existe la materia como tal. Lo que observamos como materia es energía, la cual se mantiene unida por una mente consciente e inteligente universal". Este principio encierra la verdad de que "todo es mente", es decir que toda la realidad física -o universo de la materia-, sería una manifestación mental de una realidad que nos contiene, una Matrix en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este principio, al establecer la naturaleza mental del universo, daría sentido al poder que posee la mente para afectar la realidad material.
La comprensión de este principio hermético de mentalismo era el secreto comprendido por un número selecto de iniciados que lo utilizaban para producir las transformaciones alquímicas de la realidad. Algo muy similar a la Escuela de Magia de la saga de Harry Potter. Los estudiantes de las antiguas escuelas iniciáticas de Egipto podían emplear conscientemente las grandes leyes mentales en vez de usarlas por casualidad o ser usados por ellas. Con la clave maestra en su poder, el discípulo podía abrir las puertas del templo del conocimiento mental y psíquico y entrar en el mismo libre e inteligentemente. Este principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el porqué están todas subordinadas al dominio de la mente.
Uno de los antiguos Maestros dejó escrito en el Kybalión: "El que comprenda la verdad de que el universo es mental está muy avanzado en el sendero de la maestría". Y estas palabras resultan tan verdaderas hoy en día como lo eran cuando fueron escritas. Sin esta clave maestra la maestría es imposible, y el estudiante que no la posea, en vano llamará a la puerta del Templo.

LAS IMAGENES DE NUESTRA MENTE
Si comprendemos este principio sabremos que todo es atraído por virtud de las imágenes que tenemos en nuestras mentes. Lo que estás pensando... cualquier cosa que esté sucediendo en tu mente, la estás atrayendo. Ya sea positiva... ¡o negativa!
A la vez que dejamos de lado los miedos y los pensamientos de desdicha y de temor, debemos poner en nuestras mentes imágenes de paz, amor y abundancia y sintonizar nuestras emociones con ellas, sin importar cuál sea nuestra realidad actual. Debemos enfocarnos en aquello que queremos y no lamentarnos por aquello que no tenemos. Una forma de lograrlo es escribir en algún espacio a nuestro alcance aquello que deseamos atraer, acompañarlo de imágenes y dedicarnos a diario a visualizarlas como parte de nuestras vidas, darles energía mental y sentir la emoción que nos causa "sentir" que ya son parte de nuestra realidad. No es necesario que nos dediquemos a monitorear nuestros pensamientos todo el tiempo para saber si estamos atrayendo hacia nosotros cosas buenas o malas, nuestros sentimientos son los mejores ayudantes, ya que ellos nos indicarán cuando estemos sintiéndonos bien y estemos atrayendo cosas positivas como la felicidad, alegría, optimismo, amor, pasión, esperanza, emoción, risas, compasión. Si fuese todo lo contrario estaríamos atrayendo cosas negativas como enojos, envidia, rabia, depresión, tristeza, preocupación, soledad, culpa, vergüenza, odio, miedo, apatía. Si queremos saber qué tipo de realidad estamos atrayendo debemos preguntarnos cómo nos sentimos y qué tipo de pensamientos tenemos en la cabeza. Ahí encontraremos la respuesta a todo lo que nos sucede... Si todo el tiempo estamos de mal humor es lógico que solo recibamos lo que no deseamos, o que nuestras condiciones de vida no sean las que desearíamos.

Si todo es mente, debemos despojarnos del condicionamiento mental creado por la misma realidad que nos rodea y que los medios de comunicación masivos se ocupan tanto de difundir. Si logramos trasmutar nuestros pensamientos estaremos dando el primer paso para cambiar nuestra propia realidad; cuando seamos muchos los que alcancemos este logro, la realidad colectiva cambiará por sí sola; si tenemos pensamientos positivos y vivimos mentalmente nuestra propia felicidad nos convertiremos en un canal abierto para recibir las cosas que tanto hemos deseado. Entonces todo comenzará a cambiar.

Por Brad Hunter


Publicado por ALFRE306 el 20 de Septiembre, 2008, 17:29 | Referencias (0)

El amigo de las estrellas



El amigo de las estrellas
  
Juanjo Ibáñez
Por Juanjo Ibáñez *

Yo siempre quise mucho al tío Enrique. El tío Enrique era el hermano mayor de mi madre. Había estado fuera muchos años, pero desde que volvió apenas me separaba de él. La gente decía que hacía cosas muy raras, pero a mí me parecía que no. A mí me parecía muy divertido.

Por ejemplo, nadie entendía por qué muchas veces se ponía los zapatos en la cabeza o por qué daba las buenas noches a las plantas de la cocina antes de acostarse. Yo sí, un día me lo explicó. Me dijo que el había vivido en lugares donde se andaba al revés y en otros donde las plantas eran muy educadas y si no se las saludaba se ponían tristes y se marchitaban.

En ocasiones, se quedaba horas y horas con las manos tapándose los oídos y mirando al techo sin decir una sola palabra. Aquello sí que enfadaba a mi padre. La verdad es que todo lo que hacía tío Enrique le enfadaba, pero que mirara al techo mucho más. Yo sabía que cuando hacía eso era porque estaba visitando a un amigo que vivía en las estrellas. Si se tapaba los oídos era tan sólo porque a su amigo, como estaba muy lejos, no se le oía bien. Puede parecer extraño, pero no lo era: su amigo le hablaba con los latidos de su propio corazón.

Una vez, mi tío se cayó de la silla. Cuando vino el médico y le tomó el pulso, tenía 206 pulsaciones. Tío Enrique dijo que no le había pasado nada, que esa noche simplemente su amigo le había hablado muy deprisa porque estaba muy contento. Era la primera vez que veía nacer a una estrella y se había excitado mucho. Nadie le creyó. Mientras mi madre le cubría con una manta, yo vi a mi padre llevarse el dedo índice a la sien y darle vueltas como si fuera una tuerca. A partir de esa noche le vería hacer ese gesto muy a menudo. A mi tío aquello le hacía mucha gracia. Decía que, de tanto apretar, un día se le iba a quedar el dedo metido en la cabeza. El médico sacó tres pastillas rojas de su maletín, hizo que se las tomara con un vaso de agua y se fue al pasillo a hablar con mis padres. Fue cuando mi tío sacó la lengua. La tenía roja. Yo me asusté, pero él me guiñó un ojo, me enseñó las tres pastillas y los dos nos comenzamos a reír.

Mi madre volvió y entonces vimos que una lágrima le resbalaba de su ojo derecho. Tío Enrique puso el dedo en su mejilla y esperó a que llegara. Luego la estuvo mirando unos instantes y dijo que era el lago más bonito que había visto en su vida, pero que le daba pena que tan sólo viviera en él un pez. Entonces, mi madre salió corriendo hacia su habitación. Cuando le pregunté cómo sabía que tan sólo había un pez me respondió que únicamente se trataba de saber mirar.

Lo cierto es que la mirada de mi tío era muy curiosa, porque tenía un ojo de cada color. Uno azul y el otro verde. Cuanto más contento estaba, más se notaba la diferencia. El decía que eso era porque había vivido muchos años en un bosque y otros muchos en una isla tropical. Y los colores de los lugares que nos gustan siempre se nos pegan a los ojos si hemos sabido mirar con los párpados bajados. Mi padre decía que aquello era una majadería y que lo que pasaba era que estaba mal hecho y tenía la mirada extraviada, tan extraviada como la cabeza. Pero yo sabía que era verdad. Siempre que me contaba aventuras de cuando estuvo viviendo en un bosque, su ojo derecho tomaba el color de la yerba en abril y cuando me hablaba de la isla, su ojo izquierdo resplandecía como un mar de coral. Como un mar de coral parecido al que sale en el libro de Geografía del colegio.

Tío Enrique tenía bigote; bueno, no un bigote entero, sino medio bigote. Cada mes se afeitaba una mitad y se dejaba crecer la otra. Decía que dentro de él había cuatro personas. Visto de perfil podía ser un señor con los ojos azules y bigote o un señor con los ojos verdes y sin bigote y al mes siguiente, era un señor con los ojos azules y sin bigote o un señor con los ojos verdes y con bigote. La verdad es que se comportaba de distinta forma cuando me hablaba de perfil, pero cuando estaba de frente volvía a ser Tío Enrique, que era una mezcla de los otros cuatro tíos Enrique.

Tío Enrique siempre estaba jugando con la cadena de un viejo reloj de bolsillo que estaba parado. Una vez me dijo que se lo regaló la persona que más le había querido en la vida y de la que aprendió todas las cosas verdaderamente importantes que sabía. Las manillas señalaban las once en punto. Le pasaba una cosa muy rara. Dos veces al día, a las once de la mañana y a las once de la noche, se ponía muy triste durante unos segundos.

Nunca me explicó por qué.

Cuando más contento estaba, era después de hablar con su amigo de las estrellas. Yo siempre insistía en que le quería conocer. Mi tío me decía que su amigo era muy tímido, aunque le había hablado mucho de mí y algún día me lo presentaría, pero tenía que estar preparado porque al principio parecía decir cosas muy raras y no era fácil entenderle. Sin embargo, me aseguró que a mí no me costaría mucho, porque mi corazón no era como el de los demás.

Tío Enrique casi nunca salía de casa, por eso, cuando yo volvía del colegio estábamos siempre juntos. Como había sido un físico muy importante, mi madre le solía pedir que me preguntara la lección o que me diera clases, pero nosotros nos dedicábamos a otras cosas. Me enseñaba a escribir al revés, me dibujaba mapas de lugares lejanos que no aparecían en mi bola del mundo o me contaba muchas historias: la de unos seres diminutos que se metían por los oídos y se dedicaban a hacer cosquillas en el cerebro de algunas personas, la de un conejo sordo que volaba con las orejas o la de un pirata con piernas que se había construido una pata de palo para cuando le mordiera el tiburón.

Una noche teníamos visita en casa, se trataba del jefe de mi padre y su mujer. Mi madre había sacado los cubiertos de las Navidades y mi padre estaba muy nervioso y con una sonrisilla pegada a los labios que no se le quitaba ni para masticar.

Aquellos señores no me gustaban nada. El era muy serio y miraba como de lado y ella una gorda que no hacía más que reírse. Cuando fueron a buscar los licores, mi madre dio un grito. Tío Enrique estaba dentro del armario de las botellas, con la cubitera de hielo puesta en la cabeza y las pinzas colgadas de la nariz. Se presentó en el salón y entre carcajadas nos dijo que su amigo de las estrellas le había contado un chiste muy bueno. Luego comenzó a bailar. Todos le miraron asustados, pero yo sabía que bailaba porque su amigo le estaba cantando una canción. Nunca vi a nadie bailar tan bien. Yo veía cómo la gorda daba pataditas a su marido por debajo de la mesa y cómo mi padre se iba poniendo más y más colorado. A mi madre, como tantas veces, le comenzaron a llover los ojos. Mi tío se fue del salón no sin antes meter por el escote de la señora un hueso de pollo con restos de salsa de tomate. Qué risa.

A los pocos segundos oímos un grito. Todos salimos corriendo y le vimos abrazado al abrigo de pieles de la mujer del jefe de mi padre. Su ojo verde brillaba más intensamente que nunca. Se quedó en silencio y dijo entre sollozos que aquel abrigo estaba hecho con las pieles de una familia de castores que habían sido amigos suyos. Después comenzó a chillar llamando a la mujer del jefe de mi padre 'gorda asesina'.

Eran las once, lo recuerdo porque en el reloj del salón acababan de sonar once campanadas.

Los invitados se fueron muy enfadados de casa y dando un portazo. Aquella noche, oí como mi padre gritaba sin parar mientras mi madre lloraba y le pedía paciencia.

A la mañana siguiente, mi tío no fue a despertarme como hacía todos los días. Mi madre me dijo que lo habían ingresado en un hospital para curarle. Yo le respondí que aquello era una tontería, que el tío era muy fuerte y nunca había estado enfermo, pero mi madre me mandó callar gritándome que todavía era muy pequeño para que entendiera ciertas cosas.

No me dijo qué cosas.

Así pasaron varios meses, los más tristes que recuerdo. Siempre que preguntaba por el tío, mis padres me decían que iba mucho mejor, que se estaba poniendo bueno. Yo no entendía nada.

Por fin, un domingo, Tío enrique vino a comer a casa. Yo estaba tan contento que casi no pude dormir la noche del sábado. Cuando abrí la puerta vi que sus dos ojos tenían un color grisáceo y que se había afeitado el bigote. Durante la comida estuvo muy simpático con mis padres hablando de cosas de esas que hablan los mayores, pero a mí me pareció muy aburrido. Nunca le había visto tan aburrido. Mi padre no paraba de sonreírle y darle palmadas en el hombro. Incluso le convidó a un puro, algo que sólo hacía con los invitados muy importantes. Después de tomar café, miró su reloj de bolsillo y dijo que se le hacía tarde, que tenía que ir a trabajar a la universidad.

Mi tío apenas habló conmigo y cuando me fui a despedir de él me pareció como si desviara la mirada.

A los dos semanas de aquella comida del domingo mi madre entró llorando en mi habitación. Me puso sus manos en la cabeza y me dijo que tío Enrique había muerto la noche anterior. Ellos contaron que sufrió un infarto, pero yo sabía que no era verdad. Yo sabía que su corazón se paró porque su amigo de las estrellas había dejado de hablarle.

Mi madre dudó unos instantes, pero después me dio una caja de cartón que tenía mi nombre escrito. Tío Enrique la sujetaba entre sus manos en el momento en que lo encontraron en la cama. Cuando me quedé solo en mi cuarto la abrí. Allí estaba su viejo reloj de bolsillo y una carta. En ella tan sólo me decía que el señor que había ido aquel domingo a comer no era él, sino un hombre disfrazado de él. Su firma apenas se distinguía porque la tinta estaba corrida, pero en su lugar pude ver muchos peces azules, y detrás de ellos, el rostro de mi tío, sonriéndome. La última frase estaba escrita al revés, la puse frente al espejo y pude leer:

CUANDO ESTES MUY TRISTE PARA EL RELOJ, PERO SOLO CUANDO ESTES MUY TRISTE.

Fue lo que hice en ese mismo momento. Entonces el amigo de las estrellas comenzó a hablarme y a hablarme y a hablarme...

* Escritor español


Publicado por ALFRE306 el 13 de Septiembre, 2008, 21:44 | Referencias (0)

Portavoz vaticano: «Sentir la tierra como “casa común”», pide el Papa


El padre Lombardi comenta el Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz

ROMA, domingo, 6 enero 2008 (ZENIT.org).- «Sentir la tierra como "casa común"» sintetiza la invitación de Benedicto a la toma de conciencia y a la responsabilidad por nuestro planeta, como subraya en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, reflexiona el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El tema vuelve frecuentemente a las palabras del Papa «en sintonía con el aumento de las preocupaciones ambientales de la humanidad», constata el sacerdote en su breve editorial de «Octava Dies» --semanario de información del Centro Televisivo Vaticano, del que también es director--.

«Hasta hace algún tiempo, la cuestión ambiental podía parecer una preocupación de los ricos, más que de los pobres; de los países desarrollados» --apunta--, para los que el avance económico representa una «prioridad absoluta», de forma que «regular y limitar este desarrollo se presentaba como un lujo, un modo de mantener a los débiles en su sumisión».

Pero «los frecuentes desastres debidos a los desequilibrios ambientales golpean con mayor dureza a quienes tienen menos medios para defenderse, y crece la conciencia de un empobrecimiento irreparable de los recursos de los países más débiles», admite.

De ahí que el Santo Padre escriba que «hoy la humanidad teme por el futuro equilibrio ecológico», cita el padre Lombardi.

«A esta constatación --prosigue-- el Papa vincula un fuerte llamamiento moral a la solidaridad, sobre la base del reconocimiento de un destino universal de los bienes de la Creación, que afecta también a los pobres y a las generaciones futuras».

Benedicto XVI «invita al diálogo, al estudio científico serio de los problemas sin "apremios ideológicos", a la prudencia en la búsqueda de "modelos de desarrollo sostenible" y -con gran concreción- propone intensificar el diálogo entre las Naciones sobre la "cuestión de los recursos energéticos del planeta"», subraya en su editorial el portavoz de la Santa Sede.

«Una vez más -añade el padre Lombardi--: sabernos creados por Dios nos hace responsables ante Él y los demás, pero es también con el esfuerzo de la razón y del diálogo como debemos hallar los caminos practicables para el futuro de la familia humana es esta casa común nuestra».

«Se necesita una alianza entre fe y razón», concluye.

Por Marta Lago


Publicado por ALFRE306 el 7 de Septiembre, 2008, 16:20 | Referencias (0)

 

 

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